Reportaje | Fuencis Rausell
Recuperando una vida
Los vecinos de Concepción agudizan su ingenio para tratar de recobrar la normalidad que tenían antes del seísmo

Un niño ayuda a su familia a recoger escombros.
Los vecinos de la ciudad chilena de Concepción, una de las más golpeadas por el terremoto, agudizan estos días su ingenio para hallar soluciones que les permitan hacer una vida relativamente normal en lugar bajo toque de queda, donde la luz, el agua y el petróleo aún escasean.
Pero más allá de los derrumbes y los pillajes, los vecinos también han tenido que adaptar su vida a las carencias que dejó el terremoto. Muchos duermen incluso en carpas (tiendas de campaña) en las calles y plazas, por miedo a las continuas réplicas y muchas zonas de la ciudad permanecen aún sin luz, y las velas y linternas son la única forma de alumbrarse cuando la noche cae.
En cambio, la falta de agua, que aún ahoga a muchos sectores de Concepción, resulta un poco más difícil de suplir. Durante los primeros días posteriores a la catástrofe, los vecinos recurrieron al agua acumulada en las tuberías, y aún ahora se puede ver a personas que aprovechan las tomas de agua, que se utilizan en caso de incendio, para rellenar cubos y garrafas. Después de hervirla, los vecinos pueden beberla e incluso ducharse con ella.
Aun así, se ha recomendado evitar tirar agua por los desagües, dado que el alcantarillado puede colapsarse de un momento a otro. Por ello, en las casas que disponen de patio, algunos inquilinos han cavado fosas sépticas, que tapan con trozos de madera y que utilizan no sólo como vertedero, sino también como inodoro.
Junto al agua, la comida también escasea en la ciudad, aunque poco a poco comienza a llegar la ayuda, tanto del Gobierno y organizaciones ciudadanas, como de familiares que envían encomiendas desde otros lugares del país.