Cameron dice que BP debe limpiar el vertido y pagar las indemnizaciones
El primer ministro británico asegura tras reunirse con Obama, que a los dos países les conviene que la petrolera «siga siendo una empresa estable y fuerte»

David Cameron charla con Barak Obama durante su encuentro de ayer en la Casa Blanca.
Protestaba ayer David Cameron en las páginas de The Wall Street Journal sobre la irritante obsesión de quienes «analizan en exceso la atmósfera alrededor de las relaciones» entre EE.UU. y el Reino Unido «computarizando como un forense la duración de sus mítines». Para ellos iban dedicadas las tres horas con almuerzo incluido que duró ayer su primer encuentro con Barack Obama en la Casa Blanca.
Y para los que critican la sumisión británica a su ex colonia convertida en potencia mundial, Cameron se alineó con Obama para pasar la factura a British Petroleum por el vertido del Golfo de México, llevando así la contraria a quienes hablaban del malestar de Londres por la dureza que EE.UU. ha mostrado con el gigante petrolero a la hora de exigirle responsabilidades económicas. Así dice habérselo comunicado también a los ejecutivos de la empresa, porque entiende la frustración de los estadounidenses con la «catástrofe».
Interés común. Para el mandatario, BP debe limpiar el vertido del Golfo y pagar todas las indemnizaciones que le corresponde, motivo por el cual estadounidenses y británicos coincidirán en desear su estabilidad. «Es una compañía importante y a nuestros dos países les conviene que siga siendo una empresa estable y fuerte», advirtió.En la agenda de esta primera visita de estado se encontraba también otro tema impopular, Afganistán, donde el Reino Unido tiene destacados 10.000 solados británicos que quiere llevar a casa en el 2015.
Hasta entonces ambos mandatarios comparten el interés en triunfar en ese campo de batalla, por lo que Cameron fue informado ayer en el Pentágono sobre el devenir de la guerra, antes de dirigirse a Nueva York para reunirse con el secretario general de la ONU Ban Ki-moon.
El mandatario británico alabó a Estados Unidos como «una formidable fuerza de hacer el bien» en el mundo y recordó que su abuelo trabajó en Wall Street y su esposa se encontraba en Nueva York el 11-S para la apertura de una tienda que había diseñado.
Este «proamericano sin complejos» confió en que funcione la reforma financiera y auguró que las únicas dificultades que tendrán que afrontar ambos países en su mandato serán en el terreno comercial.