Baño de sangre kurda en París
. Una fundadora del PKK y otras dos militantes aparecen . asesinadas de un tiro en la cabeza en un local bajo vigilancia.
Tres mujeres militantes de la causa kurda aparecieron ayer asesinadas en una sede de su comunidad en París, identificada y vigilada por los servicios secretos franceses y turcos. Entre las víctimas mortales figura una fundadora del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), cuyo líder histórico, Abdulá Ocalan, preso desde 1999 en Turquía, acaba de iniciar un diálogo político con Ankara. Ajuste de cuentas interno, atentado de la extrema derecha turca o episodio de guerra sucia, lo cierto es el que el viejo conflicto del Kurdistán tiñó de sangre kurda la capital francesa donde se llegaron a escuchar gritos acusatorios a una sospechada complicidad de París en medio de una manifestación espontánea de duelo y protesta.
El triple crimen, en apariencia perfectamente planificado, se produjo el miércoles por la tarde pero los cadáveres no fueron hallados hasta pasada la una de la madrugada de ayer.
Un vecino del local, situado en la primera planta de un edificio cercano a las estaciones del Norte y del Este, dijo haber oído una detonación hacia las 18 horas. A última hora de la tarde un miembro del Centro de Información del Kurdistán intentó acceder a la discreta sede de esta oficina del PKK en Francia pero no tenía llaves y nadie le abrió la puerta. Alertado por manchas de sangre en el descansillo, dio la voz de alarma a otros compatriotas que descubrieron la masacre tras echar abajo la puerta.En el suelo yacían los cuerpos inertes de tres mujeres que presentaban un impacto de bala cada una en la cabeza: dos en la nuca y la otra, en la frente. La más conocida es Sakine Cansiz, de 51 años, que fundó en 1978 el PKK junto a Ocalan a quien estaba estrechamente vinculada. Las otras víctimas fueron identificadas como Fidan Dogan, de 32 años, miembro del Consejo Nacional Kurdo, órgano representativo en la órbita del PKK, y Leyla Soylemez, de 25 años, militante de las juventudes del movimiento.
Según las primeras pesquisas, las mujeres estaban solas y debieron ser ellas quienes abrieron la puerta al agresor o agresores.