El ‘fracking’ aviva la conciencia ecologista de los británicos
En la región de The Weald (el bosque) ya hubo hornos de hierro en tiempo de los romanos y la última ferrería se cerró en el principio del siglo XIX, cuando la extracción del carbón en el norte de Inglaterra acompañó a la Revolución Industrial. Una de las comarcas de aquella vieja región es Sussex, donde activistas acampaban ayer contra un nuevo ingenio industrial, la extracción de gas de esquisto. El horizonte desde Balcombe, un pueblo de algo menos de dos mil habitantes, a unos cincuenta kilómetros al sur de Londres, es ahora, como antes de la parcial deforestación causada por la producción de hierro, un bosque continuo. La gente quiere un mundo mejor, pero también quiere ser realista». Lonna Vahey, pintora de 67 años, creció en una familia que cultivaba una filosofía de pobreza voluntaria. Se alimentaba de lo que producía, hacía sus muebles y sus juguetes, era autosuficiente. Ella no la cumple a rajatabla —tiene un coche— pero no le gusta la búsqueda del gas de esquisto porque le parece «una solución para el corto plazo». La exploración en Balcombe se guía «por el beneficio» y no por el cambio necesario, que ha de ser «una autosuficiencia no basada en el consumismo» Balcombe es una villa próspera. El precio de compra promedio de una casa en los últimos meses es de 520.000 euros. Está cerca del aeropuerto de Gatwick, sobre el que hay planes de expansión.