Otro baño de sangre clausura la ofensiva yihadista de los últimos días contra Francia
De los 19 rehenes registrados en el supermercado cuatro resultaron muertos al inicio del secuestro . Hollande tilda a los autores de «iluminados que nada tienen que ver con la religión islámica».
Agentes de la policía francesa antes del asalto que tuvo lugar en Dammartin-en-Goele y que terminó con los dos islamistas abatidos a tiros.
Francia superó ayer aliviada pero embargada por el dolor la ofensiva terrorista más trágica de su historia reciente. Las 50 horas de ataques combinados iniciados el miércoles contra la prensa, la policía y la comunidad judía se saldaron con 17 personas muertas y los tres agresores yihadistas abatidos por las fuerzas de seguridad. Los hermanos Chérif y Said Kouachi así como su cómplice Amedy Coulibaly, tres treintañeros franceses que reivindicaron actuar en nombre de Al-Qaeda, perecieron con las armas en las manos al poner término las unidades de élite policiales a dos tomas de rehenes simultáneas en París y su extrarradio. El colofón más sangriento fueron los cuatro clientes fallecidos en un supermercado de alimentación judía que se suman a la policía municipal asesinada la víspera a las puertas de París, presuntamente por Coulibaly, y las doce víctimas mortales del baño de sangre del miércoles en Charlie Hebdo, atribuido a los hermanos Kouachi.
«Nuestro país ha sido atacado tres días seguidos y le ha hecho frente», resumió François Hollande en una solemne alocución al país radiotelevisada desde el Palacio del Elíseo. El presidente francés tildó a los autores de los atentados de «iluminados que no tienen nada que ver con la religión islámica» y pidió no crear «amalgamas» entre los musulmanes y los fanáticos violentos. Tras subrayar que Francia no ha terminado con las amenazas de que es objeto, emplazó a los ciudadanos a «la vigilancia, a la unidad y a la movilización».
Por su parte, el primer ministro, Manuel Valls, insistió en que el país afronta «un desafío terrorista sin precedentes» y avisó que «todavía puede ser blanco de ataques». «Los franceses están aliviados pero se dan cuenta de que ha pasado algo excepcional, que habrá un antes y un después», valoró.
Los dos asaltos que pusieron término a la pesadilla yihadista fueron lanzados de forma casi simultánea al atardecer, hacia las 17.00 horas, en Dammartin-en-Goele y en París. En el primer lugar, a 40 kilómetros al nordeste de la capital, los hermanos Kouachi, cuando trataban de escapar a tiros, fueron abatidos por agentes de elite del Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional (GIGN) que liberaron sano y salvo al rehén que tenían retenido. En realidad el rescatado, un hombre de 26 años, se había encerrado en un local de la primera planta del mismo edificio donde se habían atrincherado los secuestradores e informaba desde allí de sus movimientos a las autoridades.
Esta primera toma de rehenes había comenzado cuando los fugitivos se toparon con un control a bordo de un Peugeot 206 que acababan de robar a punta de pistola a las nueve menos veinte de la mañana a una automovilista en la localidad vecina de Montagny-Sainte-Félicité, en el departamento de Oise. Tras mantener un tiroteo con los gendarmes en el que no hubo heridos, se refugiaron con un rehén en el interior de una pequeña imprenta, en una zona industrial del municipio de Dammartin-en-Goele.
El segundo asalto se produjo en la Puerta de Vincennes, uno de los accesos a París, un cuarto de hora más tarde a iniciativa del RAID y de la BRI, cuerpos de la policía especializados en intervenciones de alto riesgo. Cuatro rehenes resultaron muertos, según parece, al comienzo del secuestro poco después de la una de la tarde en el supermercado Hyper Cacher de alimentación judía.
La quincena restante fue liberada mientras que tres agentes sufrieron heridas de bala en piernas o cadera en el allanamiento. También en este lugar las autoridades contaron con la valiosa ayuda de un topo. Fue el gerente del comercio que se encerró en una cámara frigorífica e informaba por móvil de los movimientos del secuestrador sin que éste lo supiera.
El terrorista, también abatido por los policías, había sido identificado formalmente horas antes como Amedy Coullibaly, presunto asesino de una policía municipal la víspera a las puertas de París y amigo de los hermanos Kouachi, cuya inmunidad exigía a cambio de la vida de los clientes del supermercado judío. Nacido en Juvisy-sur-Orge (departamento de Essone, periferia de París) el 22 de febrero de 1982, Coulibaly fue condenado hasta en ocho ocasiones por robos, atraco y tráfico de estupefacientes a partir de 2001, cuando todavía era menor de edad.
Su conversión al islamismo radical tuvo lugar durante su estancia en la cárcel. En junio de 2010, fue detenido por los servicios antiterroristas por participar en el plan de evasión de Smaïn Aït Alí Belkacem, miembro del Grupo Islámico Armado (GIA) condenado por ser el artificiero de un atentado contra el metro cometido en octubre de 1995 en París.
Chérif Kouachi, con el que había trabado amistad en prisión, también fue detenido por ese proyecto pero salió exculpado por falta de pruebas. Por su parte, Coulibaly fue condenado en diciembre de 2013 a cinco años de prisión, pena que terminó de purgar en mayo por efecto de los beneficios penitenciarios. En la misma orden de busca y captura las autoridades pidieron la colaboración ciudadana para localizar a su esposa, Haya Boumeddiene, de 26 años, en paradero desconocido.