¿Soberanía griega?
Opinión Antonio Papell
Las posiciones en defensa de la posición griega en el contencioso entre el país heleno y la Unión Europea incluyen la defensa de la soberanía de Grecia, que esgrimen ante la presión e incluso «el chantaje» de los acreedores.
Con independencia de la actitud demagógica que mantiene Syriza sobre la negociación, el equívoco que encierra esta protesta es evidente porque tanto la Unión Europea como su núcleo duro —la Eurozona— se fundamentan precisamente en pactos solemnes que transfieren una parte creciente de las soberanías nacionales a las instituciones comunes. La UE es el fruto de un largo proceso de federalización, lento pero progresivo e intenso, que ha llegado ya a la moneda única, basada en una política monetaria común, y que continuará avanzando. Precisamente la crisis económica ha puesto de manifiesto las insuficiencias del modelo implementado mediante el Tratato de Maastricht, que tratarán de subsanarse mediante nuevos tratados -ya se ha empezado a hablar de Maastricht 2- que consolidarán una única política financiera y bancaria, obligarán a los miembros de la Eurozona a compartir su política presupuestaria, e instituirán un único Fondo de Garantía de Depósitos y un Tesoro Común En definitiva, aquellos estados europeos que se mantengan celosos de su soberanía harán bien apeándose del tren en marcha porque ciertamente la Eurozona no va en la dirección de reforzar la autonomía de sus miembros sino al contrario. El horizonte es el de unos Estados Unidos de Europa de fuerte contenido ‘federal’ y de soberanía compartida.
El viejo criterio de que la unión del Vieo Continente debía comenzar por la economía para desembocar en la política está ya recorriendo intensamente el segundo tramo. El modelo norteamericano puede darnos una idea de cuál es nuestra dirección de avance, aunque haya también numerosas disimilitudes.
Lo impensable es que pueda consentirse alguna heterodoxia grave en este planteamiento común, que debe dar lugar a una gran potencia. Y que sea sostenible la presencia en la Eurozona de países que no cumplan con sus compromisos ni acepten la condicionalidad de unas ayudas que, a fin de cuentas y como en los estados federales, son sufragadas por todos los europeos a escote.