Europa, a un paso de aislar a Grecia
Bruselas quiere que Atenas vigile sus fronteras y activa el mecanismo para permitir controles interiores dentro del espacio Schengen durante dos años.

Refugiados sirios, iraquíes y afganos, en un camino nevado.
De nuevo otro ultimátum, de nuevo Grecia en el epicentro del enésimo terremoto europeo. Ahora no se trata de dinero, sino de fronteras, de control de flujos migratorios, de refugiados, de vidas humanas. Si los ministros de Interior de la UE pidieron el lunes a la Comisión que agilice la vía legal dentro del código Schengen para poder establecer controles temporales en las fronteras interiores durante dos años, ayer, el Colegio de Comisarios recogió el guante y mucho antes de lo esperado, activó la maquinaria para que el espacio de libre tránsito entre los 26 países de Schengen quede a merced de las decisiones de aquellos países más afectados por la presión de la ola migratoria.
La voluntad de invocar por primera vez el artículo 26 es obvia y ahora sólo falta saber el cuándo, aunque el objetivo es que esté todo listo antes de mayo, cuando expiran los plazos dados en su día a Alemania y Austria para imponer controles temporales.
Y para justificar la adopción de ese artículo 26 (suspensión de hasta dos años), el primer paso se basaba en poner en evidencia a Grecia, demostrar que no es capaz de controlar sus fronteras y por ende, las del conjunto de los otros 25 socios que componen Schengen —una vez que entras, hay libre circulación; bueno, había—.
El encargado de poner voz al enésimo rapapolvo al Gobierno de Atenas fue el vicepresidente del Euro, Valdis Dombrovskis, que no se anduvo por las ramas. «Grecia está descuidando gravemente sus obligaciones. Existen serias deficiencias en la gestión de los controles de la frontera exterior. El país ha hecho ya muchas cosas pero presenta aún muchas carencias», recalcó en su comparecencia tras la reunión semanal del Gabinete de Jean-Claude Juncker.
Mejorar la gestión
«Se precisan mejoras sustanciales para garantizar la correcta recepción, registro, reubicación o retorno de los inmigrantes con el fin de conseguir que Schengen vuelva a funcionar normalmente, sin controles en las fronteras interiores, que es nuestro objetivo», recalcó por su parte el comisario de Migración y Asuntos de Interior, Dimitris Avramopoulos.
El informe que ayer analizó el Ejecutivo parte de una visita sorpresa realizada entre el 10 y el 13 de noviembre a la frontera terrestre entre Grecia y Turquía, y a las islas de Quíos y Samos. Los autores del texto concluyen que «no se realiza una identificación y un registro eficientes de los inmigrantes irregulares, que las impresiones dactilares no se introducen en la base de datos y que no se comprueba sistemáticamente la autenticidad de los documentos de viaje ni se consultan las bases de datos de seguridad fundamentales, como SIS, Interpol y las bases de datos nacionales». Lo dicho, demoledor.