El Ejército sirio expulsa al Estado Islámico de su último bastión
Deir Ezzor era la gran ciudad que todavía contaba con presencia yihadista, ahora erradicada.

Familias sirias desplazadas que huyeron de las ciudades de Deir Ezzor y Al-Raqqa. YOUSSEF RABIH YOUSSEF
Mikel Ayestarán | Jerusalén
El califato ha colapsado del todo y los últimos combatientes del Estado Islámico (EI) se refugian en el desierto que une Siria e Irak tras una jornada en la que sufrieron una doble derrota. El Ejército sirio y sus fuerzas aliadas anunciaron la liberación de Deir Ezzor y, al otro lado de la frontera, el Ejército iraquí logró expulsar a los últimos seguidores del califa de Al-Qaim, localidad situada en plena línea divisoria entre los dos países. El comando general sirio informó de la victoria en Deir Ezzor, la última gran ciudad que quedaba con presencia yihadista, y aseguró que ‘constituye la etapa final’ en la total erradicación del EI del país porque ya ha perdido todos sus centros de poder y ahora los yihadistas «carecen de capacidad para llevar a cabo ofensivas y están aislados y rodeados en la zona este de la ciudad».
Los mandos sirios, como ya hicieron los estadounidenses, apuntan a esta parte del valle del Éufrates como el lugar donde se producirá la lucha definitiva. Desde la caída de Mosul, a comienzos de julio, el califato no ha parado de ceder territorio en Irak y Siria y sus combatientes ya no luchan hasta la muerte, como lo hacían antes. Se ha producido además la división interna entre los combatientes locales, que en lugares como Raqqa aceptaron ser evacuados en autobuses, y extranjeros, que quedan fuera de toda negociación y son quienes resisten hasta el final. Deir Ezzor, ciudad del noreste del país que antes de la guerra tenía más 200.000 habitantes y era el centro de la industria petrolífera, se ha convertido en la segunda gran victoria para el presidente Bashar el-Asad en esta guerra, tras recuperar en diciembre el control de Alepo, pero es el primer éxito de relevancia de sus fuerzas ante los seguidores del califa. La batalla por Deir Ezzor supone un refuerzo moral para el Gobierno ya que una parte de la ciudad permaneció fiel a Damasco y el EI la tuvo cercada desde 2014 hasta septiembre, cuando se logró romper uno de los cercos más largos de la guerra de Siria; 93.000 civiles, según cifras de Naciones Unidas, subsistieron en condiciones extremadamente difíciles gracias a la ayuda que les lanzaban desde aviones.