Diario de León

Matarse por dinero en tierra ajena

Miles de jóvenes sirios luchan en la guerra de Libia al servicio de las potencias extranjeras

Imagen de una protesta en las calles de Trípoli. WAEL HAMZET

Imagen de una protesta en las calles de Trípoli. WAEL HAMZET

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Ayman contaba apenas diecisiete años cuando la guerra se asomó por primera vez a su ventana y tuvo que armar su primer fusil, obligado por la dictadura de los Al Asad. Hijo de una familia obrera en la ciudad siria de As Suwayda, el reclutamiento forzoso destruyó sus esperanzas de graduarse y aspirar a un trabajo mejor que la paleta añosa que manejaba su padre.

Diez años después, ese futuro aún pasa por el fusil, aunque ahora lejos de su ensangrentada tierra: en febrero pasado se sumó a los cerca de 15.000 sirios que ahora combaten entre ellos en Libia, reclutados por los dos bandos en conflicto. «La guerra civil en Libia se ha transformando en una guerra de poder entre Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Egipto por un lado, y Turquía, Catar e Italia otro», explica Grzegorz Kuczynski, director del programa Rusia en el prestigioso «Instituto Varsovia».

Moscú y sus aliados apoyan al mariscal Jalifa Haftar, tutor del Ejecutivo no reconocido y del Parlamento electo en el este del país, mientras que Ankara es el pilar que sustenta al Gobierno de Acuerdo Nacional impuesto en 2016 por la ONU en la capital.

«Las dos partes en conflicto enviarán más contratistas y militantes para ofrecer apoyo tanto al gobierno de Trípoli como a Haftar. El reciente crecimiento en el número de mercenarios rusos, pagados por las monarquías del Golfo, sirve para combatir la afluencia de insurgentes sirios, previamente redistribuidos por Turquía», afirma.

El enfrentamiento fratricida estalló en Libia en 2015, tras el fallido proceso de paz impulsado por la ONU, y se recrudeció en abril del pasado año, fecha en la que Haftar, hombre fuerte del país, puso cerco a la capital, cuyo gobierno comparte con poderosas milicias de inspiración salafista.

Desde entonces, la contienda emanada de la revuelta que en 2011 acabó con la dictadura de Muamar al Gadafi ha devenido en un conflicto multinacional, el primero totalmente privatizado del presente siglo, carente de Ejércitos, que libran milicias locales y Compañías Privadas de Seguridad Militar (PSMC) extranjeras de diversas nacionales atraídas por el negocio multimillonario que representa.

A parte de la riqueza petrolera, los jugosos contratos para la reconstrucción futura y la relevante posición estrategia que Libia tiene en el Mediterráneo central son el aliciente para rusos y turcos. Además, sus arenas se ha convertido en un campo perfecto para probar nuevas armas, como sistemas antiaéreos portátiles de fabricación china FN-6, capaces de derribar cazas tipo MiG-21, o lanzaderas de misiles antitanque guiados por calor y mirilla ATGM rusa nunca vistos en otras guerras. «Los reclutamientos comenzaron en diciembre a través de organizaciones afines al gobierno y el primer grupo salió en enero», explica Tawfiq, periodista del diario digital local As Suwayda24.

Según la publicación, el alistamiento fue gestionado por Shibli al Shaer, miembro destacado del Partido Al Shabab, en coordinación con «Wagner Group», una empresa de mercenarios propiedad del oligarca ruso Yevgeny Prigozhin, amigo íntimo del presidente Vladimir Putin.

Fundada en 2013 por el ucraniano Dmitriy Valeryevich Utkin, comandante de una unidad de elite de las fuerzas especiales rusas (Spetsnaz GRU), Wagner Group se ganó el reconocimiento del Kremlin en la guerra de Donbass. Presente en el conflicto interno de Sudán y la República Centroafricana, donde Prigozhin tiene importantes intereses mineros, sufrió su peor derrota en la batalla de Khasham (Siria) en un combate entre fuerzas estadounidenses y soldados de Al Asad, con los que colabora de forma estrecha.

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