Diario de León

Tanques israelíes bombardean de madrugada el dormitorio del líder palestino, que sale ileso del ataque

Bush cree que Israel tiene derecho a negociar con líderes que no sean Arafat

Israel ha emprendido una cruzada contra Arafat en dos frentes. La vía militar quedó clara: sus tanques atacaron de nuevo el cuartel general de

Arafat hace la señal de la victoria. Al fondo, el boquete en su dormitorio

Arafat hace la señal de la victoria. Al fondo, el boquete en su dormitorio

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E. García Gascón - JERUSALÉN.
León

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«A los ojos del presidente Bush, Arafat nunca ha desempeñado el papel de alguien en quien se pueda confiar o que sea eficiente», dijo el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer. No fue el único en pronunciarse. El secretario de Estado, Colin Powell, expresó que las presiones para que Arafat lleve a cabo una verdadera reforma se han incrementado entre su propia gente. «Creo que el pueblo palestino espera que Arafat haga más», dijo. Poco antes, tanques israelíes entraron en Ramala y bombardearon varios edificios del complejo donde reside Yaser Arafat. Uno de los obuses impactó en el dormitorio del presidente palestino, aunque éste se encontraba trabajando en otras dependencias en ese momento. El ataque se produjo en represalia por el atentado suicida que el miércoles se cobró la vida de 18 personas en Megido, y que fue reivindicado por la organización fundamentalista Yihad Islámica. El obús que destrozó el dormitorio de Arafat abrió un boquete en la pared, rompió un espejo e hizo saltar las baldosas del lavabo contiguo. Señalando hacia los escombros que quedaron encima de su cama, Arafat dijo: «Anoche tenía que estar durmiendo aquí pero tenía trabajo abajo». El presidente palestino acusó a Israel de ir a por él. «Todo el mundo sabe dónde está mi dormitorio», agregó. Entre los hábitos de Arafat figura el quedarse trabajando hasta altas horas de la madrugada. En el ataque murieron dos policías y una decena resultaron heridos. Un portavoz del Ejército declaró que los militares no quisieron hacer daño a Arafat. «Si hubiéramos querido, no habría habido ningún problema». No es la primera vez que los tanques bombardean el complejo de Ramala y en cada ocasión existe el riesgo de hacer daño al presidente palestino. El ataque de ayer, en el que también participaron excavadoras blindadas del Ejército, llegó exactamente un mes después del final del sitio que mantuvo a Arafat encerrado en varias habitaciones del complejo 34 días, y durante el cual los israelíes causaron enormes daños a la residencia. En medios políticos y de seguridad israelíes continúa el debate acerca de si conviene o no expulsar a Arafat de la Autonomía. Raanan Guisin, consejero de Ariel Sharon, cree que la expulsión «no resolvería el problema» y que el Gobierno no ha decidido nada en ese sentido puesto que los servicios de seguridad consideran que la expulsión no es el mejor paso. Sin embargo, el jefe del Estado mayor del Ejército, el general Shaul Mofaz, que está considerado como un submarino de Binyamin Netanyahu, sí que es partidario de la expulsión. Y no es el único. En Ramala el Ejército destruyó completamente tres edificios del complejo de Arafat, una medida de castigo que no conduce a ninguna parte y que muestra que los dirigentes hebreos no saben qué hacer para reducir los atentados. Lo único seguro es que Israel no contempla una retirada de los territorios ocupados. Dos horas después de que las tropas hubieran abandonado el lugar, apareció Arafat haciendo la señal de la victoria con la mano. «Esto sólo conseguirá reforzar nuestra determinación», dijo.

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