Trump amenaza a Irán con un ataque «rápido y violento» como el de Venezuela
Advierte de que «se acaba el tiempo» para que Teherán negocie y renuncie a su programa nuclear
Vista del portaaviones USS Abraham Lincoln que se dirige a Irán.
A Donald Trump no se le olvida Irán. En junio de 2025, ordenó un bombardeo sobre sus instalaciones nucleares. Hace tres semanas, amenazó con otro ataque si no cesaba la represión de las protestas populares contra el régimen de los ayatolás que se han saldado con, según la ONU, cerca de 20.000 muertos. Ahora que situación en las calles se ha calmado, el presidente de Estados Unidos recupera el argumento atómico y sube los decibelios de sus advertencias a Teherán. «Se acaba el tiempo», avisó este miércoles el controvertido mandatario norteamericano. Si Irán no negocia «rápidamente» y renuncia a su programa nuclear la «enorme Armada» que Washington ha desplazado a la zona, «más grande que la que fue a Venezuela», actuará «con violencia si es necesario».
El portaaviones USS Abraham Lincoln y tres destructores armados con misiles esperan la orden desde el lunes. Stephen Miller es el asesor que más susurra al oído de Trump. Y no deja de recordarle al magnate que «la ley del más fuerte rige desde el principio de los tiempos». Gran defensor de las deportaciones masivas, Miller es el ideólogo que ha promovido la violencia de los agentes de Inmigración en ciudades como Mineápolis. Pero la muerte allí de dos ciudadanos estadounidenses ha despertado una ola de indignación en el país contra la brutalidad policial. El presidente ha tenido que recular en el interior y, al mismo tiempo y como reacción, ha dado un paso adelante en el exterior. En Irán. Allí, como le repite Miller, también manda la fuerza. El magnate y líder republicano anticipa sus intenciones a través de su red digital, Truth Social. «Ojalá Irán se siente rápidamente a la mesa y negocie un acuerdo justo y equitativo —SIN ARMAS NUCLEARES— que sea bueno para todos». Tras la petición, añade el recuerdo de un cercano golpe en la mesa, en referencia al bombardeo lanzado por Estados Unidos contra instalaciones nucleares iraníes en junio del año pasado: «Como le dije a Irán una vez, ¡ALCANCEN UN ACUERDO! No lo hicieron y llegó la ‘Operación Martillo de Medianoche’, con una gran destrucción de Irán». El mensaje termina con el aviso de una catástrofe para Teherán: «¡El próximo ataque será mucho peor! No dejen que eso vuelva a suceder».
Las amenazas de Trump intimidan. En Venezuela capturó al entonces presidente Nicolás Maduro. En Irán, además de cerrar el camino hacia la bomba atómica, ha dejado entrever que quiere la cabeza del líder supremo, Alí Jamenei. El dirigente iraní, que casi siempre está oculto, ya ha designado varios sucesores por si es víctima de una operación como la que culminó con la detención del dirigente chavista. Durante el pasado fin de semana, diplomáticos europeos detectaron indicios sobre una ofensiva inminente. Los dispositivos de Seguridad de Israel se pusieron en alerta ante una posible represalia iraní. En distintos medios, como el diario británico The Guardian, se citaba también como objetivo de la Casa Blanca eliminar la capacidad de Teherán de lanzar misiles de largo alcance, una de sus grandes bazas. La prioridad, eso sí, son las instalaciones nucleares del país asiático, que fueron dañadas durante el ataque de junio. El régimen de los ayatolás insiste en que su programa de enriquecimiento de uranio tiene fines civiles y no militares. EE UU e Israel, dos potencias nucleares, temen que también se esté utilizando para fabricar bombas atómicas. Y eso es una línea roja, especialmente para el Gobierno hebreo. Trump exige el regreso a Irán de los inspectores nucleares de la ONU y la entrega de sus reservas de uranio a un tercer país, que bien pudiera ser Rusia. Teherán responde que está dispuesto a sentarse a hablar pero sin amenazas y asegura que reaccionará ante cualquier agresión «como nunca antes».