Diario de León


El 'General Invierno' arrasa Ucrania

La invasión rusa que iba a durar cuatro días ha cumplido ya cuatro años y entra en el quinto. Con un frente de guerra estancado y la infraestructura energética convertida en principal objetivo de Moscú. Con los hogares a oscuras y congelados, hasta 325.000 ucranianos pueden acabar desplazados

Un bombero pasa ante una casa atacada por Rusia en la región de Kiev.

Un bombero pasa ante una casa atacada por Rusia en la región de Kiev.Stringer

Publicado por
Zígor Aldama
Madrid

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Ucrania era uno de esos países en los que daba igual cuánto frío hiciese en la calle, porque en el interior de los hogares siempre se disfrutaba de una temperatura agradable. Incluso con un paisaje helado se podía estar en mangas de camisa. Pero ya no es así. Los ucranianos se adentrarán el próximo martes en el quinto año de la Operación Militar Especial de Vladímir Putin, y lo harán congelados. Pero no porque sea el invierno más frío en más de una década, que lo es, sino porque Rusia ataca sin descanso la infraestructura energética del país.

«Está siendo, con diferencia, el invierno más duro desde que empezó la invasión a gran escala. He tenido que mudarme a casa de un familiar porque en nuestro bloque es imposible vivir. La mayor parte del tiempo no tenemos ni electricidad ni calefacción, y a menudo ni siquiera llega agua corriente», cuenta Anastasia a este diario desde un moderno edificio de Kiev.

Los anodinos bloques construidos en la era soviética tienen algo más de suerte, porque están conectados a los gigantescos tubos por los que las centrales térmicas hacen llegar el agua caliente para la calefacción. Es un sistema habitual en la mayoría de los países que componían la Unión Soviética e incluso en otros de su esfera de influencia, como China o Mongolia. Esta calefacción central es una bendición cuando la temperatura cae hasta los 20 grados bajo cero, pero también es un blanco fácil, porque basta atacar la central o los tubos que recorren la ciudad, a menudo por el exterior, para dejarla inoperativa. Y tanto los drones como los misiles rusos la tienen en su punto de mira. Así que las redes sociales se han llenado de fotografías que muestran el termómetro en el interior de infinidad de viviendas en el país eslavo: en muchas, el mercurio coquetea con la marca del cero. Generalmente por arriba, pero a veces también por debajo. 

Los internautas, que duermen con gorro y guantes, ironizan echando mano de la historia que les enfrenta a Moscú: «Stalin trató de matarnos con el ‘holomodor’ —literalmente ‘exterminación por hambre’, utilizado en referencia a la gran hambruna que dejó millones de ucranianos fallecidos entre 1932 y 1933 por la colectivización del líder soviético-, y ahora Putin lo hace con el ‘kholomodor’ —’muerte por frío’-», comparan muchos. Pero el humor tiene sus límites: el agua se congela reventando tuberías, los carámbanos de hielo se forman en las ventanas, por dentro, y las autoridades se ven obligadas a instalar refugios climáticos para que la población no muera de frío. La hipotermia ya ha matado a más de una decena de personas y ha provocado el ingreso hospitalario de casi 2.000.

Es el resultado de una estrategia de guerra que atenta directamente contra la población civil. «En muchas ciudades, esto equivale prácticamente a un genocidio», denuncia Anton Gerashchenko, exasesor del ministro del Interior y fundador del Instituto para el Futuro. «Muchas personas mayores y con discapacidad quedan atrapadas en sus casas, en edificios de apartamentos de gran altura, sin electricidad ni calefacción, sin poder cocinar ni recargar sus dispositivos para mantenerse conectados», destaca Naciones Unidas, que trata de reunir 2,1 millones de dólares para ayudar este año a 4,1 millones de ucranianos vulnerables.

«La situación de partida no era buena hace ya diez años, pero los ataques masivos no dan tregua y es muy complicado mantener el suministro eléctrico», explica Sergii Kovalenko, consejero delegado de la distribuidora Yasno. «Si 2025 arrancó con cortes que podían afectar de forma simultánea a entre el 20% y el 40% de los clientes, la situación ha empeorado sustancialmente», reconoce. Y poco se puede hacer para evitarlo. «Nuestros equipos trabajan sin descanso para reparar las redes, pero no es suficiente», añade, sin esconder la frustración que provoca levantar infraestructura nueva para que sea bombardeada al cabo de poco tiempo.

En esta coyuntura, los generadores diésel se han convertido en un salvavidas para muchos, sobre todo para los negocios. Pero no todos pueden permitírselo. «Algunos también han comenzado a colocar paneles solares, pero las instalaciones cuestan entre 15.000 y 20.000 euros y no son especialmente productivas en invierno», comenta Kovalenko. La Organización Internacional para las Migraciones ha advertido esta semana de que la crisis energética está provocando un nuevo éxodo y que 325.000 ucranianos podrían acabar desplazados por esta razón, un tercio de ellos en el extranjero. «Tras cuatro años de guerra, la resiliencia por sí sola no puede sostener a las familias durante otro invierno de apagones y temperaturas gélidas», analizó Amy Pope, Directora General de la OIM. «Una vivienda segura, energía confiable y servicios esenciales no son lujos; son fundamentales para la seguridad, la supervivencia y la dignidad de las personas. Sin un apoyo sostenido, las interrupciones del suministro eléctrico corren el riesgo de obligar a las familias a abandonar sus hogares una vez más y socavar los retornos que tanto les costó conseguir», explicó.

El avance más lento del siglo 

En el frente de guerra la situación no es mucho más halagüeña. "Por lo menos, con el frío también es mucho más difícil combatir. A los rusos les cuesta avanzar y a nosotros nos resulta más sencillo defender", comenta un oficial destinado al frente de Sloviansk. No obstante, el estancamiento no es ya una realidad exclusivamente invernal: en 2025, Rusia logró ocupar un 0,8% del territorio de Ucrania y en el proceso resultaron muertos o heridos unos 400.000 soldados, según las últimas estimaciones ucranianas. 

El Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) amplía un poco más el foco temporal. "Desde febrero de 2022, las fuerzas rusas han sufrido casi 1,2 millones de bajas, más que cualquier otra gran potencia en cualquier conflicto desde la Segunda Guerra Mundial. Al ritmo actual, las bajas combinadas de Rusia y Ucrania podrían alcanzar los 2 millones para la primavera de este año", destaca en su informe de enero. "Tras tomar la iniciativa en 2024, las fuerzas rusas han avanzado a un ritmo promedio de entre 15 y 70 metros al día en sus ofensivas más destacadas, más lentamente que casi cualquier campaña ofensiva importante en cualquier guerra del último siglo", añaden.

Todo esto tiene un elevado precio. "La economía de guerra de Rusia se encuentra bajo una presión creciente, con la industria manufacturera en declive, una desaceleración del crecimiento del 0,6% en 2025 y la ausencia de empresas tecnológicas competitivas a nivel mundial que impulsen la productividad a largo plazo", analiza el CSIS.

Eso no impide que el año pasado fuese especialmente trágico para la población civil ucraniana. Acción sobre Conflictos Armados calcula que las víctimas crecieron un 26%: 2.248 civiles fallecieron y casi 12.500 resultaron heridos como consecuencia de la invasión. Además, los ataques rusos son cada vez más mortíferos y dejan ya una media de 4,8 civiles muertos, un 33% más que en 2024. El director ejecutivo de la institución, Iain Overton, señaló esta semana que estos datos demuestran que "se ha roto el principio de proporcionalidad", y que "ya no existe un orden internacional basado en normas que funcione y sea capaz de exigir responsabilidades a los culpables".

No obstante, en las negociaciones de paz trilaterales que se llevan a cabo, y que concluyeron el miércoles con las habituales declaraciones sobre "conversaciones productivas" que no hacen presagiar ningún avance, a pesar de que el presidente de EE UU, Donald Trump, presiona para que se firme un acuerdo en junio, Moscú exige que los posibles crímenes de guerra que se hayan cometido sean amnistiados. De momento, hay demasiadas líneas rojas para que la paz se pueda abrir camino entre el hielo.

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