OPINIÓN Enrique Vázquez
Una cumbre «imprevista»
La «cumbre» anglo-hispano-americana convocada en las Azores ¿es el último ensayo para encauzar la crisis en Irak por un sendero internacionalmente consensuado, la primera reunión de un «gabinete de guerra» o un salvavidas lanzado a Tony Blair? Lo primero parece inverosímil visto el punto a que han llegado los preparativos militares y la aparente decisión de la Casa Blanca. Lo segundo es impúdico y no debería ser imputado mecánicamente al trío. Lo tercero sería como un intento espurio (por foráneo, externo) de resolver el grave problema en el que se ha metido Blair... La respuesta es un híbrido: Washington debe una explicación a Londres tras la metedura de pata de Rumsfeld declarando prescindible al ejército británico y ayer se decía que la iniciativa de la reunión era norteamericana, no británica. Blair tendrá, al menos, el derecho a una foto con Bush, quien autorizó -se dice que está arrepentido -al primer ministro británico a volcarse en la ONU en busca de un aval. La impresión que prevalecía en las horas previas a la reunión de los tres copatrocinadores de la segunda resolución es que el texto no recibiría el apoyo requerido, más allá del seguro veto francés y/o ruso, y, por tanto, había que resignarse a atacar sin bendición onusiana o sondear alguna posibilidad de salir del atasco. ¿Un poco más de tiempo y acercarse más al famoso memorándum franco-ruso-alemán apoyado por China y a la «idea canadiense»? Ambas fórmulas presuponen, con la cooperación activa de Bagdad, que ahora es bastante clara y desde ayer más, con la documentación sobre el antrax, un desenlace pacífico... y eso significaría volver al objetivo formal de la 1.441 (el desarme fehaciente) y abandonar el oficioso pero abiertamente asumido (la «oportunidad geopolítica» inherente a la caída de Saddam). Todo indica que el gobierno norteamericano, bajo influencia obvia de un clan de «duros» jaleado por los círculos neo-conservadores, no aceptará un cambio de línea tan claro cuya única ventaja (¿una ventaja?) sería salvar a corto plazo a Blair y aliviar a Aznar en España. La «cumbre», pues, es vista, se quiera o no, como la última oportunidad de variar el rumbo a la vista de la resistencia de los materiales. Pero no altera, de momento, la convicción de que EE.UU. ya ha decidido atacar.