Diario de León

| Crónica | Los porqués del atentado |

Odiar en Bagdad

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Javier Martín - bagdad
León

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? Estados Unidos se afana en buscar razones para el brutal atentado que el martes mató a más de 20 personas en la sede de la ONU en Irak pero en las calles de Bagdad nadie se sorprende porque Sadam Huseín enseñó a los iraquíes que Naciones Unidas era culpable de su pobreza y desgracia. Pese a la caída del régimen de Sadam, en el cerebro de los ciudadanos todavía resuenan las consignas de antaño, inducidas con reiteración, machaconamente, a veces con violencia. «Desde la imposición de las sanciones, en 1991, no había un solo día en el que no hubiera al menos un artículo en contra de la ONU, a la que se responsabilizaba de la pobreza del pueblo, y se le acusaba de robar el petróleo», recuerda Manduh Salah, un veterano periodista del desaparecido semanario Al-Rafidain . La ONU impuso un severo embargo económico internacional a Irak el 5 de agosto de 1990, tres días después de que el Ejército iraquí invadiera Kuwait, emirato del que fue expulsado siete meses después por una alianza militar multinacional liderada por EE.?UU. Durante años, el derrocado régimen de Sadam litigó con la ONU para que levantara las sanciones, cuyo efecto aún es patente en las devastadas calles del país. «Existe un remanente de resentimiento hacia la ONU pese a que siempre hemos estado aquí para ayudar a los iraquíes y nos hemos esforzado por presentar una buena imagen. Hemos hecho mucho, pero la propaganda en contra era muy fuerte», admite un funcionario expatriado. Pocos días de paseo por la ciudad permiten percatarse de que Bagdad es una ciudad precaria, pero no por el efecto de la guerra, que sólo ha dejado edificios oficiales derrumbados, sino por lo obsoleto de sus infraestructuras, sobre todo las de distribución eléctrica y de suministro de agua. Expertos estadounidenses adscritos a la oficina de reconstrucción de la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA) insisten, sin embargo, en que la culpa no fue de las sanciones, sino de Sadam Huseín y su tiránico Gobierno, que se apropió de los beneficios y no invirtió en el pueblo. «Estaba al servicio de su política, le interesaba que su gente sufriera para así justificar su de enfrentamiento y los gastos en armamento», explica Steve Negus, periodista estadounidense afincado en Bagdad. La teoría del odio cobra fuerza. «No entiendo por qué paso. Le doy vueltas todo el día y no logro comprenderlo», aún repite, cuatro días después, cabizbajo y errabundo, el portavoz de la ONU en Bagdad, Selim Lone.

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