Diario de León
Publicado por
ENRIQUE VÁZQUEZ
León

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MIENTRAS su ejército opera de nuevo a fondo en Cisjordania (Naplus) y Gaza (Rafah), el primer ministro Sharon, frecuentemente acusado de no «hacer política» y ser meramente un general en activo, hizo un ejercicio de relaciones públicas sin precedentes y se presentó en Nazaret, la ciudad más árabe de Israel. Estamos en Navidad y eso obliga a ciertos gestos cuando, además, el argumento de la llamada bomba demográfica está de nuevo sobre la mesa del gran debate social y político en Israel tras el anuncio oficial de que el gobierno procederá a ejecutar un plan unilateral de separación de los palestinos si «en unos meses» no hay un arreglo completo a través de la Hoja de Ruta (y no se prevé que lo haya). El viceprimer ministro, Ehud Olmert, actuando como un verdadero heraldo de Sharon, dijo crudamente que hay que conservar la mayor cantidad posible del territorio ocupado con el menor número posible de palestinos (prácticamente ni uno solo, si se confirman las fronteras con que sueña el plan). La razón: con 1,2 millones de habitantes palestinos en Israel (los que se quedaron allí desde el 48) de un total de seis, la sola posibilidad de quedarse con millares más y su elevada tasa de natalidad podría hacer inviable a medio plazo un «Israel judío y democrático». No ha quedado claro por qué no podría ser democrático un Estado binacional de hecho o de derecho, lo que sugiere que lo realmente importante es que sea judío. La Agencia Judía, que coordina en todo el mundo lo que podríamos llamar vida de las distintas comunidades y fomenta la emigración a Israel, calcula que en este año habrá en el mundo unos 50.000 judíos menos (sobre unos 16 millones en números redondos). El interés genuino del Estado judío pasa hace mucho tiempo por insertarse apaciblemente en el entorno regional, por completo árabo-islámico y mejorar a toda velocidad el status de su importante minoría árabe, sometida de facto a cierta segregación. Todo este marco, que es internacional, regional y local y, en definitiva, profundamente político, estratégico, táctico e inseparable del destino nacional israelí, es lo que late tras la inopinada visita de Sharon a Nazaret mientras sus tropas prosiguen, impávidas, la matanza en los territorios ocupados.

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