| Perfil | Jean Bertrand Aristide |
La caída de un sacerdote
Ni el vudú de sus simpatizantes ha podido salvar por segunda vez al ex presidente

El ex presidente haitiano Jean Bertrand Aristide
Ayer Jean Bertrand Aristide se vio forzado a dejar el poder por segunda vez. En 1991 partió rumbo al exilio por un golpe de Estado. El ya ex presidente logró superar muchas adversidades, dos intentos de asesinato incluidos, pero en esta ocasión ni el vudú de sus simpatizantes lo pudo salvar de una caída en picado. Su protagonismo empezó con sus incendiarios sermones contra las desigualdades sociales y los desmanes de la dictadura «duvalierista». Era negro, joven, sacerdote católico en un país oficialmente católico, aunque por la puerta trasera son muchos los que creen y practican el vudú, un tipo de magia religiosa. Nació el 15 de julio de 1953 en la ciudad de Port Salut. Su padre fue linchado al ser acusado de practicar magia negra en actos diabólicos. Aprendió francés, ingles, alemán, español, hebreo y, por supuesto, habla la lengua vernácula, el creole. Pasó por el seminario, se formó en teología y psicología, y fue ordenado sacerdote en 1982. Sin embargo, a su orden no le gustaban sus ataques a Jean Claude Baby Doc Duvalier (1971-86) y lo expulsó argumentando que «incitaba a la violencia». El paso a la política fue rápido. Su popularidad le sirvió para que su partido, Familia Lavalas, ganara sin dificultades las elecciones de 1990, convirtiéndolo en el primer presidente democrático del país. Entonces, la Santa Sede le prohibió ejercer el sacerdocio. El «padre presidente» se ganó enemigos poderosos al anunciar el mismo día de asumir el poderel pase a retiro de ocho generales del Gobierno militar. El 29 de septiembre de ese mismo año, el sangriento golpe de Estado de Raúl Cedras lo mandó al exilio. Regresó, en 1994, con la ayuda de 20.000 marines estadounidenses. Su triunfo en las elecciones del 2000 fue muy discutido por la oposición, que le acusó de fraude. Sus adversarios lo acusan de promover bandas de matones para atemorizar a la oposición, de violaciones a los derechos humanos e incluso de asesinato. Sin haber logrado combatir la pobreza, el narcotráfico o la corrupción, y con la oposición en contra, Aristide comenzó una cuesta abajo que concluyó con su renuncia.