Unas semanas más para manejar la trastienda
No está escrito en los tratados, ni tampoco en la Constitución Europea, lo que se debe hacer cuando la Eurocámara -aun sin emitir su voto- se resiste a apadrinar el nombramiento de un colegio de comisarios. Pero la lógica democrática estipula que el único margen de maniobra del que dispone Durão Barroso es perderse unas semanas en la trastienda comunitaria para recomponer su equipo de Gobierno con el fin de que pueda satisfacer, y además de forma clara, a la mayoría de los eurodiputados. No está claro si el ex primer ministro portugués pondrá el reloj a cero para empezar de nuevo o si, en cambio, limitará la crisis a algunas carteras, entre las cuáles estaría la de Justicia e Interior, atribuida inicialmente al contestado Rocco Buttiglione. Al declarar ayer que hará «lo necesario y suficiente», Barroso pareció decantarse por la segunda opción, pues no hay que olvidar que la mayoría de los 24 comisarios designados sí lograron el aval parlamentario. Tampoco queda claro el plazo de que dispondrá el portugués para preparar estos cambios. Quizás zanje la crisis en un par de semanas, quizás necesite un mes, como evocaban ayer varias fuentes parlamentarias. En cualquier caso, si Rocco Buttiglione o cualquier otro, es removido o descartado como comisario, la Eurocámara tiene el derecho de volver a evaluarlo. Con estas premisas, Barroso deberá realizar un tour de capitales o estar en contacto permanente con los líderes nacionales -que son lo que más deciden en todo esto- para recoger las aspiraciones de todos ellos. En el calendario hay dos citas cruciales para enderezar la situación: la cumbre que los Veinticinco celebrarán mañana en Roma y la del 4 y 5 de noviembre en Bruselas. Si los jefes dan el consentimiento a los cambios de Barroso, la Eurocámara podría votar la nueva Comisión en el pleno de entre el 15 y 18 de noviembre. Si no, Romano Prodi podría continuar en Bruselas casi hasta Navidades.