La muerte pasó de largo
Una mujer salvada de las aguas tras cinco días de deriva en el mar, niños que emergen milagrosamente de los escombros o ideas ingeniosas: los maremotos del 26 de diciembre dejaron increíbles historias de supervivencia. Anthony Praveen, un niño indio de ocho años, abrió los ojos apenas unos momentos antes de que los sepultureros, que lo creían muerto, lo enterraran en Velankanni (sur). Se sentó sobre el montón de cadáveres conmocionado, consiguiendo apenas dar su nombre y su dirección. Desde entonces quedó mudo y seguramente no sabe que sus padres y su hermana murieron, relató el diario South China Morning Post , de Hong Kong. En otro lugar, un pesquero malasio dedicado al atún salvó a una indonesia que estaba a la deriva en el Índico desde hacía cinco días, aferrada a una palmera, de cuyos frutos se alimentó. Malawati, de 23 años, tenía la piel quemada por el sol y había sufrido mordeduras de animales, explicó la agencia Bernama. La pequeña Zoé Shiu, de seis años, se aferró a una cojín neumático para escapar de la ola gigante que inundó la piscina del hotel Sofitel tailandés donde jugaba. Gracias a este flotador, llegó hasta un bote volcado al que una camarera trataba también de aferrarse. Esta última consiguió ponerlo derecho y salvarse junto a la niña. Zoé es la única super-viviente de su familia, según la prensa de Singapur. S. Tulasi, de apenas veinte días, tuvo aún más suerte: la pequeña dormía sobre un colchón que fue levantado por el agua cuando su madre Annal Mary luchó contra el torrente para llegar hasta la habitación, donde halló el colchón flotando en más o menos un metro y medio de agua, relató la mujer. Almash Javeed, de 10 años fue localizada en las islas indias Andaman. La pequeña huyó hacia la jungla y se escondió durante cuatro días. No tenía nada de comer y muy poco para beber, relató un responsable. «Estaba casi muerta cuando fue encontrada», agregó. Meghna Rajshekhar, de 13 años, también estaba gravemente debilitada después de dos días de deriva en el mar sobre una puerta, a lo largo de la isla india de Car Nicobar. Otros que se salvaron lo hicieron debido a un cierto grado de astucia, como el británico Stephen Boulton, de vacaciones en las Maldivas. Para salvarse él y su familia, ató con toallas de playa a una palmera a su esposa Ray, de 33 años, y a sus hijos de 12, cuatro y un año y medio. Y lo consiguió. Relatos de supervivientes que sortearon la muerte.