¿Qué se sacará esta vez de la chistera el canciller?

Gerhard Schroeder baja de su limusina en la puerta de la sede de la presidencia alemana en Berlín
A Gerhard Schröder le gus-tan los desafíos. Y con la decisión de adelantar a este otoño las elecciones generales lo ha vuelto a demostrar. Sueña con repetir la hazaña política que logró en septiembre del 2002 al derrotar, contra todos los pronósticos y por los pelos, a Edmund Stoiber, presidente de Baviera y por aquel entonces candidato conservador de la CDU-CSU a la cancillería. Schröder, con más olfato político que su contrincante bávaro, no dudó en calzarse las botas de agua y visitar las regiones del este de Alemania tras las inundaciones que asolaron ese verano el país. El canciller también hizo del no a la guerra de Irak su seño de identidad en esos comicios, a pesar de que eso provocó un enfriamiento de las relaciones entre Washington y Berlín. Ahora habrá que esperar para ver que se saca Schröder de la chistera en esta ocasión para tratar de convencer a los votantes, muy decepcionados con su política, de que vuelva a apostar por los socialdemócratas del SPD y sus socios de coalición, el partido eco-pacifista de Los Verdes, y no elijan a un gobierno formado por los conservadores de la CDU-CSU y los liberales del FDP. Confianza Schröder necesita no sólo recuperar la confianza de los alemanes, sino también de sus votantes tradicionales. Los más críticos le acusan de haber olvidado sus raíces socialdemócratas y de haberse lanzado a los brazos del liberalismo. El canciller deberá también hacer algo para fre-nar la sangría de afiliados del SPD, que han abandonado el partido decepcionados con su política de recortes sociales. Lo más probable es que en los próximos meses asistamos a una polarización de la política alemana con dos frentes: por un lado, los socialdemócratas y Los Verdes, y por otro lado, los democristianos y los liberales. «O nosotros o ellos», será el mensaje que manden los partidos. El frente rojiverde tratará de meter miedo a los votantes diciendo de que si sale elegida Merkel cancillera, el tándem conservador-liberal hará reformas más salvajes que ellos. Los democristianos y los liberales pondrán sobre la mesa las cartas del fracaso de siete años de Gobierno de Schröder: cinco millones de parados, un déficit descontrolado, bajo consumo interno y estancamiento económico. La izquierda del SPD y Los Verdes comenzaron ayer a exigir «un cambio de trayectoria» en la coalición rojiverde y una política más social para recuperar el prestigio perdido. Haga lo que haga Schröder, lo que estará claro es que estos próximos meses el canciller estará bajo una espada de Damocles, de la que, a su pesar, sólo podrá librarse con una derrota en las urnas, lo que sumaría a su partido en una crisis profunda de la que le será difícil salir.