Los países del Este se ven como los perdedores del no galo
Mayoritariamente favorables a la nueva Constitución, los nuevos europeos temen pagar las consecuencias de un no de los franceses, que significaría a su juicio un rechazo a la recien-te ampliación hacia el Este de la Unión Europea. «Si los franceses votan contra la Constitución europea, somos nosotros los que lo pagaremos», advirtió el primer ministro che-co, Marek Belka, a tres días del referendo francés. Toda Europa central destaca que los diez nuevos países que se sumaron a la UE el pasado 1 de mayo del 2004 sirven habitualmente como chivos expiatorios entre los defensores del no, desde el nacionalista Jean-Marie Le Pen hasta el socialista Laurent Fabius. Los promotores del no señalan con un dedo acusador a los fontaneros polacos, acusados de querer bajar los precios en Francia; condenan la fiscalidad demasiado baja de esa zona; también blanden el espectro de una desindustrialización de Francia en beneficio de Europa central, con salarios aún muy bajos. Artis Pabriks, ministro de Asuntos Exteriores de Lituania, se sumaba a estas opiniones al afirmar que «parecería que algunos comenzaron a tener miedo de Europa, del progreso y de la vitalidad que les aportamos».