OPINIÓN
¿Democracia en el país iraquí?
UNA de las cuestiones clave que han imposibilitado de momento el acuerdo de las distintas etnias sobre la nueva Constitución iraquí es el papel del Islam en ella. Para los chiíes, grupo mayoritario y hoy por hoy el más influyente toda vez que fue postergado por el régimen de Sadam Husein, la sharia o ley islámica debe ser fuente de toda la legislación. Para los sunníes, musulmanes menos estrictos, ha de ser la «principal fuente» de las leyes civiles; para los kurdos -los musulmanes más avanzados, en cuya autonomía actual están separados Iglesia y Estado-, ha de ser «una de las fuentes» de las leyes. En otras palabras, de aceptarse las iniciativas de las diversas comunidades iraquíes, es ya incuestionable que la futura Ley Fundamental consagrará un Estado islámico, en el que de forma inexorable, y entre otras rémoras inaceptables, la mujer tendrá severamente limitados sus derechos civiles. Irak continuará sin ser una democracia; bien al contrario, el nuevo Estado se configurará como una teocracia, con lazos intelectuales muy estrechos con el islamismo radical que, en teoría, provocó la guerra anglo-norteamericana en el país, tras el 11-S. Será muy difícil que Washington y Londres consigan convencer a sus opiniones públicas de la oportunidad y la eficacia de la guerra.