Diario de León

| Crónica | Fallos en el principal refugio contra «Katrina» |

Pánico en el Superdome

El huracán «Katrina» dio muestras de su enorme fuerza arrancando incluso parte del techo del estadio escogido como principal refugio, en el que se vivieron momentos de angustia

Los evacuados duermen en el estadio

Los evacuados duermen en el estadio

Publicado por
Mira Oberman nueva orleans
León

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El temor cundía ayer en el estadio Superdome, principal refugio de emergencia de Nueva Orleans, cuyo techo fue arrancado por el huracán Katrina. Allí se refugiaron, se-gún los últimos datos, 10.000 personas, entre ancianos, niños, enfermos, familias enteras y otros evacuados que no pudieron abandonar la ciudad. «Enormes capas que recu-bren el techo empezaron a salirse», explicó un reporte-ro de la WWL-TV, la estación local de la cadena CBS. Según otros informes, la membrana del techo del Su-perdome se veía claramente desde afuera y el agua se filtraba dentro del estadio, sede de los Saints de Nueva Orleans, de la Liga National de Fútbol Americano (NFL). «La administración del Superdome nos aseguró que éste sería el lugar más seguro de Nueva Orleans», había dicho más temprano un reportero de una emisora de radio local. «Se empieza a poner difí-cil», había añadido el perio-dista en momentos en que la gente subía a las gradas del estadio, huyendo del agua que se iba acumulando en el suelo. «Hay muchos ruidos extraños. La impermeabiliza-ción (del techo) puede estar siendo arrancada. No se ve el cielo abierto, pero el agua se está filtrando dentro del Superdome», relataba premonitoriamente. Miles de residentes que no pudieron o no quisieron cumplir con la evacuación obligatoria de la ciudad hacían cola el domingo para ingresar al estadio, que fue designado por las autoridades como último refugio. Katrina ya obligó a cientos de miles de residentes a aban-donar la ciudad para buscar refugio en tierras más altas. Dwayne Carey, de 28 años, uno de los que se refugió en la zona de hoteles, dijo que decidió quedarse porque la última vez que había inten-tado una evacuación antes de una tormenta, le llevó cuatro horas transitar 48 kilómetros. «Es la primera vez que me quedo durante una tormenta. Veamos qué es lo que puede hacer», comentó, mientras observaba la lluvia prácticamente horizontal desde el lobby del Hotel Best Western. Un puñado de huéspedes deambulaban por el bar. Otros dos intentaban filmar la tormenta a través de una puerta abierta mientras que varios faroles de la ciudad rodaban por la calle anegada. La gerente del hotel, Melissa Kennedy, pidió a la gente que volviera a sus habitaciones. Dos o tres veces durante la madrugada el agua traspasó las bolsas de arena que protegen la puerta de entrada del hotel y por la tarde ya alcanzaba el bar. «La cosa todavía no está tan mal. Se va a poner peor», aventuró Kennedy.

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