Diario de León

¿El presidente o el alcalde?

La evacuación de los damnificados, clave del caos humanitario producido por el huracán «Katrina», era responsabilidad directa de las autoridades locales de Nueva Orleáns

La ciudad de Nueva Orleáns no disponía de plan de evacuación

La ciudad de Nueva Orleáns no disponía de plan de evacuación

Publicado por
Miguel Murado - redacción
León

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Un titular puede hundir a un político, o puede salvarle. Quizá en eso pensaba ayer C. R. Nagin, el alcalde de Nueva Orleáns, cuando lograba ver en los titulares de medio mundo su frase dirigida a los burócratas de Washington: «Muevan el culo y hagan algo». La frase ha hecho un daño enorme a la administración Bush, que se encuentra en estos momentos bajo un chaparrón de quejas por lo que se considera su imprevisión, ineficacia e incluso la sospecha de discriminación con la que administran la ayuda a las víctimas del Katrina . Sin embargo, y al margen de lo que haya de justo en las críticas al Gobierno central, la frase de Nagin ha sido cualquier cosa menos un saludable desahogo. Nagin buscaba ganarse las simpatías de las víctimas en un momento en que comienzan a señalarle los dedos acusatorios. Porque lo cierto es que cada día se hace más evidente que la clave del desastre humano en Nueva Orleáns no ha sido tanto el impacto directo del huracán como la fallida evacuación, una evacuación que era responsabilidad suya. La pobreza, al descubierto Se ha hablado mucho estos días de la pobreza de Nueva Orleáns. A ello hay que sumarle un dato importante: es la ciudad con menos coches por habitante de Estados Unidos. En el año 2000, un 28 por ciento de las familias no disponían de vehículo propio. A pesar de ello, y de tratarse de una ciudad tan amenazada, Nueva Orleáns no disponía de plan de evacuación. Llegado el momento, todo se limitó a una rueda de prensa en la que el alcalde anunció el «sálvese quien pueda». La evacuación se dejó en manos de cada cual, sin apenas organización para llevarlo a cabo ni medidas coercitivas para garantizarlo. El resultado: un número inesperadamente grande de personas permanecieron en la ciudad, la mayoría familias sin recursos. Las imágenes de televisión, que muestran víctimas casi exclusivamente de raza negra, han alentado el debate de la discriminación. Una situación que también tienen una lógica demográfica: los afroamericanos son el 70 por ciento en la ciudad (también son mayoría entre los gestores locales de la catástrofe, incluido el alcalde). Naturalmente, el gobierno central no está exento de un grado de culpa. Pero aunque resulte tentador relacionar la falta de tropas con Iraq, no parece que esto haya influido en la lentitud del despliegue. Desinterés e imprevisión La responsabilidad de Washington estaría más bien en su desinterés por el estado de las presas del Delta, y que no han sido reforzadas en cuarenta años. Esta misma primavera se introducía un recorte drástico en este programa, a pesar de que 2004 fue el peor año de huracanes en décadas. Nueva Orleáns es una ciudad bajo el nivel del mar, y no es tanto el huracán, sino la entrada de agua del Mississippi la que ha provocado que el desastre haya sido mayor. Ya hace un siglo, Mark Twain escribía sobre el peligro que suponían esas presas. El escritor conocía bien los peligros del famoso Mississippi, que había navegado de joven. Su mismo seudónimo, Mark Twain, significaba en la lengua gremial que el nivel del agua era seguro. Por desgracia, pasarán muchas semanas hasta que esto suceda en Nueva Orleáns.

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