«Francia os va a reventar, pandilla de ratas»
El Gobierno de Villepin cierra una página web donde los partidarios de la revuelta y los que se oponen a ella se amenazan

Los policías interrogan a unos jóvenes después de que varios coches fueran incendiados por vándalos
Sobre la pared del centro comercial de Chêne Pointu alguien ha estampado una gran pintada en letras rojas: «A Clichy-sous-Bois no lo asusta nadie». El edificio, de una sola planta, es una nave vieja y despintada en el que las palomas campan a sus anchas por los pasillos, entre la fruta y la ropa de los puestos ambulantes. Está situado a un centenar de metros del instituto en el que estudiaban Bouna y Zyed, los dos adolescentes cuyas muertes desencadenaron la ola de violencia en los barrios de la periferia de París. La pintada parece un aviso a navegantes, porque Clichy-sous-Bois, en el departamento de Seine-Saint Denis, al noreste de la capital, está considerado como la zona crítica de los conflictos: el distrito 93, el más violento, el que acumula los mayores índices de pobreza y desarraigo y el que la policía cerca cada noche con decenas de controles policiales como el que hizo escapar a los dos chicos. El martes de madrugada, un grupo de violentos lanzó un coche en llamas contra el pabellón polideportivo del barrio, que ardió durante toda la noche a pesar de que a menos de trescientos metros hay un gran parque de bomberos. Todos estaban apagando incendios en otras zonas de Saint Denis. El cibercafé del centro comercial está lleno de jóvenes internautas a las cuatro de la tarde, poco antes de que anochezca, pero el local se queda en silencio cuando los clientes oyen que alguien pregunta por Bouna y Zyed. ¿Por qué no nos dejan en paz? ¡Ustedes son la racaille (gentuza)!, farfulla una mujer que espera frente a una de las cabinas de teléfono del establecimiento, decorado con varios cuadros dorados con grandes caracteres árabes. Por la mañana, varios jóvenes agredieron a dos periodistas de una televisión italiana que pretendían tomar imágenes del barrio, en una acción que parece haberse puesto de moda entre los más violentos: se ofrecen para contestar a algunas preguntas, rodean al cámara o al redactor y los golpean e intentan robarles. La prensa parece un objetivo deseado: por la noche, otro grupo quemó varios contenedores de basura a la entrada del Campanile, un hotel de dos estrellas de Seine-Saint Denis que aloja a varias decenas de periodistas y en cuya escalera de incendios las televisiones han montado estudios improvisados desde donde otear la zona y filmar los disturbios. Clichy-sous-Bois está pegado a La Racyne, el primer distrito parisino que decidió decretar el toque de queda. Su alcalde, Eric Raoult, ha prohibido a sus habitantes salir de casa a partir de las diez de la noche, y ha contratado a guardias jurados para que ayuden a las patrullas ciudadanas, organizadas por el propio Ayuntamiento, a controlar que la medida se cumple. «No quiero dramas», explicó ayer el alcalde, miembro del mismo partido que gobierna la República y quien coincide con el sindicato de policía Action Police en que Francia vive en un estado de «guerra civil sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial». Esperando el día D La apreciación quizá suene exagerada, pero París empieza a estar seriamente dividido. Por todas partes hay rumores de que el viernes será el día D para llevar los disturbios desde los barrios de la la periferia hasta el centro mismo de la capital, y ayer mismo el Gobierno de Villepin ordenó desactivar la página http://bouna93.skyblog.com, una bitácora de homenaje a Bouna y Zyed que se había convertido en un verdadero campo de batalla virtual. Había decenas de mensajes llamando a vengar la muerte de los chicos y recordando que a Clichy-sous-Bois no lo asusta nadie, pero también numerosas amenazas aceptando la guerra, como ésta: «Francia y los franceses os van a reventar, pandilla de ratas».