Diario de León
Publicado por
ENRIQUE VÁZQUEZ
León

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AYER JURÓ como canciller de Alemania una mujer, Ángela Merkel, y lo hizo para presidir un gobierno de «gran coalición» con los socialdemócratas. La fórmula tiene un solo precedente, lejano y en otro contexto, y la condición de mujer de la jefe del gobierno de la primera potencia económica de Europa, ninguno. Los méritos de Merkel, al fin, están brillando a fondo: correosa como suelen ser los políticos profesionales, ninguneada durante años por los grandes tenores de su partido, la CDU y, más aún, por el partido hermano bávaro (Unión Social Cristiana), debió permitir que un candidato bávaro, Edmund Stoiber, fuera, contra la costumbre, el contrincante de los socialdemócratas hace tres años pero su derrota a manos de Schröder le abrió el camino. Todo el mundo suscribe la tesis de que las virtudes de Merkel han brillado más después de las legislativas de septiembre que durante la campaña: era mala candidata frente al encantador de multitudes que era Schröder. Pero rápidamente apoyó y vendió a la gente la conveniencia de una gran coalición y se mostró generosa y cuidadosa al negociarla. Todavía le quedaba una zancadilla de peso: Edmund Stoiber, quien debía ser un peso pesado en el gobierno, aprovechó un pretexto fútil para abandonar y optó por quedarse en su fantástico refugio. Se tambaleó el proyecto, pero Merkel se limitó a sustituirle por Michael Glos y tuvo ahí la ayuda indirecta de Franz Müntefering, el líder socialdemócrata y vicecanciller en la coalición. Ese último lance puede justificar la extendida versión de que entre los 51 diputados que en el lado del co-gobierno le negaron la investidura hay más gente de su campo, el conservador, que socialdemócratas. Con todo, eso es el pasado y ahora toca gobernar y vencer el desempleo, la atonía económica y el déficit presupuestario: el programa de la coalición. Presidió ayer mismo su primer consejo de ministros e hizo las maletas para visitar París, Bruselas y Londres. Los augurios son buenos, el respaldo de la opinión suficiente, sin ser entusiasta, y la esperanza en Europa muy grande. La UE necesita imperativamente que su primer motor económico vuelva a funcionar cuanto antes.

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