Diario de León

La reputación de Blair, por los suelos

La decisión de acudir al grito de guerra de Bush para derrocar a Sadam Huseín le ha costado al «premier» su imagen para la historia de político fiable, moderno e independiente

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Imano Allende - corresponsal | londres
León

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«Me gustaría pensar que, quizás en un año o dos, será posible que muchos de vosotros estéis de regreso en casa y podáis disfrutar de los cambios vividos en este país producto de vuestro esfuerzo hoy». Tony Blair, arenga a las tropas británicas en Basora en mayo del 2003. Nunca más lejos de la realidad, nunca más lejos de la voluntad de la mayoría de la sociedad británica, nunca más equivocado al pensar que la guerra y la posguerra habrían finalizado para diciembre del año 2003. Cuando Tony Blair decidió invadir Irak lo hizo sin el respaldo de la sociedad, y ese fue el primer gran error del que hasta ese momento pasaba por ser un político fiable, moderno e independiente. Tres años más tarde, entre promesas rotas, conspiraciones, embustes -cómo no recordar la no existencia de armas de destrucción masiva-, excusas tontas, y un reguero de sangre, Tony Blair se encuentra en su nivel más bajo de popularidad desde hace nada más y nada menos que doce años. Sólo el 36 por ciento de los británicos cree que la gestión de Blair ha sido buena, y en el centro de las quejas: la intervención militar. Irak también le ha pasado factura al Partido Laborista. Al menos les costó un dos por ciento de los votos en las generales del año 2005, aspecto que no fue olvidado por algunos de sus más íntimos colaboradores. Ministros como Robin Cook (Asuntos Exteriores), y Claire Short (Desarrollo Internacional) dimitieron y el alcalde de Londres, Ken Livingstone, se declaró «antiblairista». Irak también propició la aparición de un ramillete de parlamentarios rebeldes en las filas de su propia formación política que le han hecho la vida imposible en materia de política doméstica, laboristas tradicionalistas que no han olvidado que Blair les condujo a una guerra ilegal que ha producido ya más de cien muertos entre las tropas allí desplegadas. En julio del año pasado Blair aún tuvo que sufrir una mayor presión con Irak como telón de fondo cuando Londres fue el epicentro de la actividad terrorista de Al Qaida. Los londinenses sufrían en sus propias carnes la acción del terrorismo internacional porque su primer ministro les había involucrado en una estúpida invasión para calmar el ego dañado de un presidente norteamericano, que a la postre lo que ha logrado es afectar la imagen y el prestigio de todo el ejército británico por las acusaciones de malos tratos. Tony Blair siempre pensó que los libros de texto hablarían de él como un estadista amable y compasivo. Sin embargo, las próximas generaciones de británicos estudiarán que Blair fue un primer ministro inflexible que actuó al igual que Margaret Thatcher, una «dama de hierro» que condujo al país a un conflicto pensando que el fin siempre justifica los medios.

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