El vecino del norte, aún sin hoja de ruta
Tres días después de que Cuba sorprendiese al mundo con la cesión temporal del poder por parte de su líder carismático habló el vecino del norte y no contentó a nadie. «Quédense en la isla» y «democratícense que nosotros seguimos aquí para lo que haga falta», fueron los ejes centrales del mensaje que dió el presidente norteamericano George W. Bush. Una lectura pausada del mismo permite concluir que aquí el único que sigue sin mover ficha es el cerril vecino del norte que se ha convertido con el paso de los años en el principal soporte del castrismo. Los más influyentes diarios norteamericanos en sus ediciones del pasado miércoles dedicaron sus editoriales a pedir la revocación de la ley Helms-Burton de 1996 que impide al presidente de Estados Unidos levantar el embargo que pesa sobre la economía cubana desde hace más de 40 años. Bush parece que no se ha dado por enterado. El principal problema, según los expertos, radica en que los servicios de inteligencia norteamericanos, a pesar de sus reiterados esfuerzos por derrocar a Castro, carecen de información de primera mano en los niveles superiores del apartado político-militar cubano. Los espías Tras el sorpresivo anuncio del pasado lunes, John Negropante, jefe del Servicio de Inteligencia estadounidense, ordenó a sus hombres que se pusieran las pilas. porque a estas alturas parece que no disponen de medios independientes para determinar el estado de salud de Fidel Castro, ya que manejan información de segunda o tercera mano, según Robert Baer, ex oficial de la CIA. Los últimos acontecimientos han reactivado un reciente informe elaborado por la Comisión de Asistencia a una Cuba Libre que copresiden Condoleezza Rice y el secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez. Pero de ahí a que Washington tenga una clara hoja de ruta para la transición en Cuba va un abismo. «Estamos dispuestos a ayudar a C uba en una transición democrática y estamos dispuestos a proporcionar rápidamente ayuda humanitaria sustancial para apoyar una transición verdadera», explica el comunicado del portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack.