Diario de León
Publicado por
Kiko Novoa - servicio especial
León

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Nadie había marcado las cartas. Toda Suecia sabía que las elecciones del domingo partirían en dos el país, sin importar demasiado las listas que presentaban los partidos políticos ni los matices que diferenciaban los programas. Los socialdemócratas de Göran Persson, primer ministro sueco durante los últimos diez años, no sufrieron el espectacular cataclismo que algunos analistas pronosticaban (alcanzó 130 escaños, 14 menos que en las anteriores elecciones), pero la unidad sin fisuras de los partidos de centroderecha compuso un nuevo orden que no permite alianzas en la izquierda y entrega el liderazgo al novato Fredrik Reinfeldt por tan sólo siete diputados. Es la hora, pues, de una coalición que encabezan los moderados con el apoyo de centristas, liberales y cristianodemócratas. Pero ante todo es la hora de saber si el joven Reinfeldt (41 años) ha alcanzado la madurez necesaria para manejarse en tamaña responsabilidad. «Cuando me eligieron líder del partido no podía imaginarme que lograría llegar hasta aquí», dijo al diario Dagens Nyheter tras conocer los resultados. No hay duda de que Reinfeldt comenzará pronto un plan para privatizar algunos de los servicios públicos más controvertidos y criticados por la Alianza que gobernará en Suecia. «Hemos ganado porque el pueblo sueco quiere que dejemos de ocultar el índice del paro, pero también para que las personas tengamos más poder en nuestra vida cotidiana», dijo. Las farmacias y el alcohol están gestionados por el Estado, y no será fácil convencer a un importante sector del país para que acepte el traspaso de estos servicios a manos privadas. Lo mismo ocurre con la interminable burocracia sueca: se calcula que un 10% de la población trabaja en el sector público. El nuevo primer ministro pretende conciliar el tan loado «estado del bienestar» con la potenciación del capital privado, y para ello se remite a la necesidad de generar empleo en un contexto distinto al de la Administración estatal. Ahora habrá que ver si esas medidas económicas suponen una revolución integral o sólo una serie de retoques. Los suecos están acostumbrados a permanecer a la vera de «papá Estado» desde antes incluso de nacer y cualquier distorsión podría generar un importante conflicto social. La política económica es sin duda el gran reto que deberá afrontar Reinfieldt.

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