DE PASO
Ha llegado la factura
HACE APENAS una semana las revistas de las cuatro armas ame-ricanas -Ejército, Armada, Avia-ción y Marines- pedían la cabeza del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, hartas de demostrar con las bajas entre sus filas lo poco para lo que vale semejante pieza. Era también una expresión del escaso aprecio por una línea de mando que termina en el presidente Bush. Esta Administración tiene ya un buen número de gente haciendo cola para pedir responsabilidades. Y eso es lo que va a pasar en la Cámara de Representantes con una mayoría demócrata asumiendo el encargo que esa mayoría comporta. Ese encargo no es ni más ni menos que la revisión de todo lo que la Administración Bush ha hecho y revuelto como si jamás fuera a verse ante el ajuste de cuentas que llevarán a cabo unas cuantas comisiones.. El planteamiento de estas elec-ciones como un plebiscito sobre la política de Bush, sólo ha sido posible gracias al empecinamiento con que el encartado resolvió no sacar para nada la pata que ha ido metiendo fundamentalmente a lo largo de lo que lleva de segundo mandato. Pocos presidentes tan insensibles como este hombre a las demandas de una opinión pública que si se sintió engañada con la guerra de Irak, mucho más frustrada se vio luego con la pa-rálisis del poder ante la catástrofe del Katrina. Este cataclismo de Bush es un triunfo demócrata porque así es la vida. Siendo bien cierto que los de-mócratas apenas tenían que hacer otra cosa que esperar el fruto del error ajeno, lo que ahora comien-za a irse al garete es un modo de hacer política como si en el poder se estuviera para siempre y para lo que le dé a uno la gana. Eso parece a veces, pero