Bush ya no habla de victoria
El incremento de tropas para el momento político que vive EE.UU. y demasiado pocas como para que marquen una diferencia real sobre el terreno. Ese es el diagnóstico que hacen los analistas del plan de Bush para revertir ese caos llamado Irak. Ningún presidente nor-teamericano había tomado una decisión bélica tan impopular desde que Nixon ordenó invadir Camboya en 1970. Bush lo hace, además, en contra del criterio de sus generales y de sí mismo. El presidente tejano había prometido hasta la saciedad que no se inmiscuiría en los detalles militares. Hablaba con desdén del presidente Lyndon B. Johnson y su obsesión por revisar cada objetivo bombardeado en Vietnam. Pero eso es precisamente lo que está haciendo. Y no es la única comparación posible con el gran trauma norteamericano del siglo XX. La nueva estrategia no parece sino una revisión de la que McNamara y Westmoreland aplicaron en 1968 cuando en Vietnam pintaron bastos tras la mayor ofensiva del Viet-cong. Más madera. Hasta los generales que van a llevar a cabo el plan se han encargado de rebajar las expectativas. Anthony Odierno, que comandará las tropas sobre el terreno, aseguró que incluso con esos refuerzos, los soldados norteamerica-nos tendrán que luchar en Irak al menos tres años más. Él sabe de lo que habla. Co-mandó unidades durante la invasión y su hijo perdió un brazo patrullando Bagdad.La cúpula militar tiene clara una ecuación: si hay más tro-pas sobre el terreno, también va a haber más bajas. Bush lo sabe y augura tiempos difíciles. Si al presentar en el 2005 su Estrategia Nacional para la Victoria en Irak repetía la palabra «victoria» hasta la saciedad, el miércoles sólo lo hizo una vez y fue para reconocer que en ningún caso llegará pronto¿Qué busca entonces el plan de Bush? Aspira a devolver la seguridad a la capital iraquí, con la esperanza de que el resto del país se contagie. Pero Bagdad es el principal campo de bata-lla entre suníes y chiíes. Las milicias reinan a su antojo y algunas, como la de Moqtada al Sadr, son intocables para el Gobierno de Maliki porque lo mantienen en el poder. Un dogma de las intervenciones en zonas con conflic-os étnicos aprendido en los Balcanes dice que hay que tener un soldado bien en-trenado por cada 50 personas. Bagdad tiene una población de 6 millones y medio. Se necesitarían 130.000, pero EE. UU. sólo va a disponer de la mitad. Irak pone otros 66.000, pero esos son más parte del problema que de la solución