Diario de León

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Boda siria entre fronteras

Una enviada de Diario de León asiste al enlace de una mujer del Golán con su novio sirio, una boda en una zona supervisada por la ONU que le impedirá volver a Israel y ver de nuevo a los suyos

Los novios se despiden de familiares y amigos al salir del Golán

Los novios se despiden de familiares y amigos al salir del Golán

Publicado por
Marta Miera - enviada especial | jerusalén
León

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Arwat Abu Saheen tiene 25 años y se ha casado con el hombre que ama. Sin embargo, antes de la ceremonia, no regaló ni una sonrisa a los invitados, y las lágrimas recorrieron en todo momento sus maquilladas mejillas. No era para menos, ya que, a pesar de la felicidad que le producía el enlace, lo más probable es que nunca vuelva a ver a sus familiares y amigos. Hasta hace unos días, Arwat vivía en el macizo del Golán ocupado por Israel, pero estaba enamorada de Mohanad, un sirio de 30 años. La frontera con Siria mantiene aislados a miles de sus ciudada-nos residentes en el Golán. Fue en 1967, en la guerra de los Seis Días, cuando Israel ocupó una parte de esta meseta situada en el noroeste del Estado judío. Desde entonces, 21.000 sirios viven en cinco ciudades bajo control hebreo. Son sólo una pequeña porción de los 130.000 que moraban en 200 aldeas y granjas antes de 1967. Desde hace dos décadas, la Cruz Roja ayuda a los sirios de ambas partes a contraer matrimonio en el único lugar de la frontera donde se les permite. Una zona desmilitarizada, una tierra de nadie, custodiada por militares sirios e israelíes y supervisada por la ONU. Arwat nació en Buqata, una de las cinco ciudades sirias, y en donde sus habitantes, muchos de los cuales rechazan la nacionalidad israelí, se esfuerzan por recordar lo que fue el Golán hace cuarenta años. Un lugar únicamente sirio. Mohanad y Arwat son primos y se conocieron hace dos años cuando el padre de la novia se reunió con su hermana en Jordania en compañía de los hijos de ambos. Allí comenzaron su romance, alimentado desde entonces, según una de las amigas de la contrayente, gracias a la comunicación por Internet. La boda de estos jóvenes es la primera de estas características que se ha celebrado este año. En este tipo de uniones no hay discusión sobre dónde vivirá la pareja, siempre en el país de donde procede el marido, por lo que en todos los casos es la mujer quien sacrifica su pasado para unirse en matrimonio. A partir del enlace y de que se instale en Siria, a Arwat ya le está prohibido entrar en territorio israelí, y la zona del Golán en la que ella deja a los suyos está desde hace 40 años regida por Tel Aviv. Antes de la ceremonia, los fa-miliares y amigos de Arwat se reunieron a pocos kilómetros de la frontera para despedirla. En un descampado bailaron al son de tradicionales canciones sirias. Fue un acto amargo en el que las emociones de tristeza y alegría se entremezclaban en los rostros de los asistentes. «El sueño de todas nosotras es volver a Siria. Amo a mi futuro marido y quiero ver la tierra de mi familia. Pero es muy difícil porque dejo mi pueblo, mi casa, mis amigos, hermanos y padres. No puedo explicar lo que siento en estos momentos», aseguraba emotiva Arwat. Después de una escasa media hora de baile, besos y abrazos, todos los asistentes se dirigieron a la frontera. Tan sólo se les permitió a los familiares más cercanos acceder hasta el lugar de la ceremonia. A lo lejos, detrás de la inmen-sa valla metálica que separa Siria del Golán, el resto de los allegados de Arwat Abu Saheen intentaron inútilmente observar el enlace, y entre sollozos le dijeron adiós con un gesto de mano.

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