Análisis
Timothy Geinthner, aún en la cuerda floja
Su probada valía y el respaldo férreo del presidente de EE.UU., Barack Obama, no han conseguido sacar de la cuerda floja al secretario del Tesoro, Timothy Geithner, cuya suerte parece estar fatalmente ligada al rescate del sistema bancario.
Geithner ha sido duramente criticado los últimos días por su tardanza en presentar un plan de rescate y por su desconocimiento de las bonificaciones millonarias de la aseguradora AIG.
El propio Obama tuvo que salir de nuevo el domingo a la palestra para, en una entrevista de la CBS, asegurar que no aceptaría la dimisión de Geithner, en el caso de que se la llegara a presentar.
Menos de 24 horas después, el secretario del Tesoro dio hayer su golpe de mano más fuerte al poner sobre la mesa un plan multimillonario para rescatar a la banca de los «créditos basura» generados por la burbuja inmobiliaria.
Todo a una carta
Geithner, acostumbrado a lidiar con los entresijos de Wall Street, se lo ha jugado todo a una sola carta, bajo la creencia de que los bancos volverán a prestar dinero si se les permite liberarse de los activos inmobiliarios que intoxican sus cuentas.
Desde que comenzó la crisis, los bancos han frenado la concesión de financiación porque, con unas cuentas tan contaminadas, no tienen la solvencia suficiente para acudir a los mercados a captar recursos que después puedan prestar.
Pero la idea de Geithner no tiene el éxito asegurado. De hecho, muchos piensan que es una apuesta muy arriesgada y que hay muchas probabilidades de que fracase.
Entre las voces más autorizadas en contra del plan destaca el Nobel de Economía Paul Krugman, quien ayer desde The New York Times opinaba que la medida «es más que decepcionante. Es desesperanzadora».
En un artículo de opinión, Krugman carga contra un plan que, desde su punto de vista, está abocado al fracaso y dejará al Gobierno de Obama sin capacidad de pedir más dinero al Congreso para salvar al sistema bancario. Para Krugman, la única tabla de salvación de la banca es que el Gobierno estadounidense asuma la gestión de las entidades con problemas, despida a los gestores y se deshaga de los activos «basura».