Análisis | miguel ángel zamora
Decálogo de seguridad urbana
El Encuentro de Ciudades para la Seguridad Vial ofreció diez consejos para evitar siniestros también en entorno local
En la conciencia de que no solamente las carreteras representan un importante vivero de siniestralidad para el tráfico, sino que también en las ciudades se producen accidentes graves, Gijón albergó en el último trimestre el Encuentro de Ciudades para la Seguridad Vial, al término del cual, se aprobó la siguiente declaración:
«Las ciudades somos conscientes del problema que representa actualmente la accidentalidad vial urbana, y estamos de acuerdo en actuar colectivamente para reducirla, así como los impactos humanos, sociales y económicos que se derivan».
«Queremos también expresar nuestro compromiso con la seguridad vial y la movilidad sostenible, así como nuestra voluntad de avanzar juntas en el impulso de políticas y actuaciones que creen un entorno urbano más seguro y tranquilo. Principalmente, fomentando la convivencia de todos los medios de transporte y sistemas de desplazamiento, repartiendo de forma equitativa el espacio público y protegiendo a los colectivos más vulnerables».
1Imaginar e impulsar soluciones específicas, efectivas e innovadoras para la seguridad vial urbana que abarquen los distintos ámbitos de actuación: normativo, tecnológico, educativo, comunicativo, urbanístico, de señalización-¦
2Considerar los posibles efectos negativos del diseño de las infraestructuras y del mobiliario urbano sobre la seguridad vial con el objetivo de minimizar el riesgo de accidente, en especial para los sectores más vulnerables: peatones, ciclistas y personas con movilidad reducida (anchura de las aceras, ubicación de los distintos elementos del mobiliario, eliminación de obstáculos-¦).
3 Crear un entorno urbano más tranquilo mediante la implantación de zonas peatonales, zonas 30 o zonas de coexistencia.
4Proteger a los colectivos más vulnerables -“peatones, ciclistas y personas con movilidad reducida-, y garantizar la convivencia segura entre peatones y ciclistas, especialmente en los espacios compartidos.
5 Otorgar una especial atención a la motocicleta como medio de transporte al alza en la ciudad, en gran medida como alternativa al automóvil.
6Reforzar el papel de los policías locales y agentes de movilidad en materia de vigilancia, control e indisciplina viaria.
7Mejorar la atención y la información a las víctimas de los accidentes de tráfico y a sus familiares, orientándolos sobre los recursos y servicios que las instituciones ponen a su disposición.
8Reconocer la labor de los municipios en la formación vial de sus ciudadanos. Fomentar la educación vial desde la familia, la escuela y todas aquellas instancias que están capacitadas para transmitir los valores de la movilidad sostenible y segura.
9 Consensuar un sistema de indicadores a nivel urbano que permita hacer comparables los datos de accidentalidad recogidos, que se mantenga constante en el tiempo, y que sea además sostenible desde el punto de vista económico.
10Implicar a la sociedad civil en la toma de decisiones, fomentando la participación y el debate ciudadano sobre movilidad local y seguridad vial, a través de pactos y consejos locales.
En las últimas décadas, los cambios en la configuración urbanística de las ciudades han transformado el modelo de movilidad de los ciudadanos, ya que la segregación de los usos y de las actividades, y el aumento de las distancias, han convertido el automóvil en el modo principal de transporte para muchas personas.
Este hecho ha tenido como consecuencia impactos sociales y ambientales de gran calado que han afectado la calidad de vida y el bienestar colectivo de las personas.