Araú, un año después del derrumbe

Retrospectiva de Araú, tal y como era en 1920.
Opinión | luis h. rubinat
c0ncejal leonesista de san andrés
FFaltaban escasos minutos para que las agujas del reloj marcaran las cuatro de la tarde. Los obreros que ese jueves 19 de febrero de 2009 trabajan en la rehabilitación del edificio Araú, en Trobajo del Camino, se ven sobresaltados por un extraño ruido, un gruñido lastimero en las vigas de una de las torres. El estruendo se acrecienta, acompañado de una inesperada riada de arenisca procedente de la techumbre del emblemático edificio. La pericia del encargado de obras y la pronta reacción de todos los trabajadores, les empujó afuera, a la acera de enfrente, desde donde fueron testigos del desplome de la torre, de una tormenta de cascotes que caían, en medio de una nube de polvo y desesperanza. El esqueleto del Edificio Araú se resquebrajaba, harto de tanto aplazar su caída anunciada, y una parte de la historia de Trobajo se veía reducida a escombros.
Las tribulaciones de un edificio simbólico de Trobajo. Durante décadas este edificio industrial de mediados del siglo XIX fue víctima propiciatoria de la dejadez de las administraciones. Incluso algunos responsables públicos llegaron a proponer, hace no tantas décadas, directamente, su derribo. El inmueble se salvó de la piqueta asesina, pero estaba lejos de terminar con sus tribulaciones. No se libró de una construcción que ensombrece uno de sus laterales. No se libró de un continuo goteo de amputaciones en su estructura. De dificultades burocráticas y desmanes privados.
No fue hasta la primavera del 2007 cuando, a través de un convenio con el Ministerio de Vivienda, se presenta un proyecto de rehabilitación del Edificio Araú. Biblioteca, sala de exposiciones, oficina de turismo, auditorio, iban a conformar una infraestructura, en pleno Camino de Santiago, que la convertirían en el referente cultural del municipio. En diciembre de 2008 se adjudica la obra por 4,5 millones de euros. En enero de 2009 comienzan las obras. Todo parecía ir bien. Muchas expectativas, para dar un destinto digno a un noble edificio. Hasta que, apenas un mes después de iniciadas las obras, sobreviene el desplome más importante que ha sufrido el edificio.
Las últimas noticias, de hace apenas un mes, es que el Ministerio de Vivienda invertirá 342.000 euros más, para evitar nuevas hemorragias de vigas y cascotes, y que habrá de resolver un nuevo concurso para adjudicar las obras. Obras de rehabilitación, tan abruptamente interrumpidas.
1397124194 Incierto futuro, después de un año. El peso de tantos años de abandono y el estado terminal del inmueble, construido en 1840, pudieron con su maltrecha estructura. Un año después se constata que está igual, o peor. La torre que se desplomó ha sido desmontada. El aspecto en el frontal del incidente, parece una trinchera de guerra, y sólo la colocación de unos gruesos tirantes de sujeción dejan constancia visible de que no se ha dejado del todo a su suerte la vieja fábrica de embutidos. A alguien se le puede ocurrir que cuando se iniciaron las obras no se dispuso de todas las medidas adecuadas para evitar el desplome. Alguien puede pensar en una suerte de mal agüero que planea sobre el edificio, a cuyo desplome físico siguió el hundimiento empresarial del adjudicatario. Algunos piden directamente su demolición, para empezar de cero un edificio de nueva planta. Lo cierto es que, un año después, la imagen que ofrece Araú, la que verán miles de peregrinos este año, es la de un edificio destartalado, descoyuntado, que durante este tiempo ha sido el causante de un auténtico cuello de botella para el tráfico, en la concurrida avenida de Párroco Pablo Díez.
Me resisto a imaginar que, después de tanto tesón, durante tanto tiempo, a pesar de tantos factores y de tantos actores, el edificio Araú no salga finalmente victorioso. No puede ser que nuestros hijos y nuestros nietos tengan como única referencia de su emblemática estructura los libros de historia y viejas fotografías.