Diario de León

Todos los Santos en un solo día

Cerca de 30.000 leoneses cumplieron con el ritual de honrar a sus difuntos

Las sepulturas rebosaron de ramos de flores y brillos de lápidas, al menos por una vez al año.

Las sepulturas rebosaron de ramos de flores y brillos de lápidas, al menos por una vez al año.

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a. caballero | león
León

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El calendario guarda el primero de octubre para la honra a los difuntos. Miles y miles de almas que peregrinan hacia los camposantos de los 1.403 pueblos de la provincia leonesa para tener presente lo que ya es pasado; la madre, el abuelo, el marido, aquel hijo que incumplió el orden natural y dejó huérfanos a sus padres... Todos los Santos; anónimos en el escaparate público, protagonistas en el recuerdo particular de sus deudos. Un ritual inmutable por los siglos, condenado a perpetuarse en ramos de flores, brillos de lápidas, bisbiseos de oraciones que transmitieron los antepasados como una llama. Como siempre fue, como será...

Como cumplieron ayer cerca de 30.000 leoneses en la capital. Peregrinos en cola hacia el cementerio de Puente Castro, condenados a sufrir las retenciones que, sobre todo por la mañana, convirtieron la avenida San Froilán de entrada al camposanto en una procesión de paso lento. Más incluso a partir del incidente que causó, a media mañana, en el momento de mayor afluencia, un camión que salía de una nave frente al crematorio y perdió el anclaje de la quinta rueda, en la que se apoya la cabina, y al girar se quedó atravesado en mitad de la avenida. La presencia del trailer obligó a los vehículos que llegaban en ambas direcciones, tanto desde Alcalde Miguel Castaño como desde la ronda Sur, a aguantar el atasco durante cerca de una hora, pese a la actuación de control de la Policía Local y las piruetas de los conductores que tuvieron que subir una rueda a la acera para encontrar paso libre.

Superada la esclusa, las familias llenaron los pasillos y patios de la necrópolis de Puente Castro entre la devoción y el recogimiento de los mayores, reconcentrados en embozos y pañuelos, y la inocencia de los más pequeños, convertidos en herederos de una tradición que les ha llevado al lugar que ocupan.

La tarde dejó el camino expedito para las visitas más tranquilas y pausadas, atenuado el tránsito de los cerca de 9.000 vehículos que llegaron al cementerio de Puente Castro por la mañana cargados de flores. A la puesta de sol, la tranquilidad y el silencio se apoderaron de nuevo de las calles del camposanto, que cerró sus puertas. Fuera siguió la vida con sus trajines; dentro, la promesa del descanso eterno.

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