La hacienda local no da para limosnas
El Ayuntamiento recorta un 40% el aguinaldo que da cada año a las monjas del convento de las Concepcionistas; la bajada es de 430 euros, de 970 a 540

La corporación municipal rezó la tradicional salve a la Inmaculada en las escalerillas.
La corporación municipal, como la vieja del villancico, pasó los últimos días «contando» el aguinaldo que iba a entregar a las monjas del convento de las madres Concepcionistas en la visita que los ediles realizan cada año a las religiosas del cenobio de La Rúa.
Este año, la propina se ha adelgazado un 40% y las hermanas se han tenido que conformar con 540 euros, 430 menos que en años anteriores cuando la dádiva llegó a los 970 euros. El vicealcalde de la capital, Javier Chamorro, fue quien tuvo que poner la cara y pasar el trago ante la comitiva presente y con un lacónico «nos obliga la crisis» se excusó ante las religiosas. Chamorro explicó más tarde que la medida no ha sido espontánea y que el aguinaldo se ha recortado de la misma manera en que se ha hecho con todas las subvenciones con cargo a las arcas del erario municipal.
Las hermanas mostraron su comprensión y animaron a todos a esforzarse para salir de la crisis «con la ayuda de Dios».
Ande, ande, ande. Las monjas no fallaron a la tradición y después de la misa celebrada en la capilla del convento ofrecieron a la corporación municipal un ágape con productos típicos de León, en el que no faltaron pastas y mistelas para animar la reunión.
Lo dulce hizo su efecto y las hermanas y el resto de los presentes entonaron un villancico popular en pos del espíritu festivo que despierta la cercanía de las navidades en los calendarios de los leoneses.
Detente Chamorro. Puede que fuera el remordimiento por el pellizco del consistorio a la propina de las monjas o simplemente por la curiosidad que rodea a todo lo infantil, el hijo del vicealcalde atravesó la reja en brazos de su padre para que saludar a las religiosas, ante el alboroto de la comitiva que se sorprendió al ver que «un hombre entró en el convento». Como si hubiera tenido una revelación el edil detuvo la breve estancia del niño junto a las hermanas y en un instante pasó a su hijo de vuelta fuera de la clausura.
La primera visita al convento de las Concepcionistas, obra del arquitecto Juan de Ribero, data de 1656, y la iniciativa fue oficializada meses después mediante acuerdo oficial de la municipalidad. Desde entonces los representantes del Ayuntamiento han acudido anualmente a su encuentro con las madres Concepcionistas, quedando de nuevo emplazados para el año siguiente.
Salve a la Inmaculada. Después de abandonar el convento los representantes de la corporación municipal junto a varias decenas de fieles y el párroco de la iglesia de San Martín se reunieron en torno a la figura de la Inmaculada Concepción que preside la entrada a las escalerillas de la Plaza Mayor. Allí tras la lectura del pregón en honor a la patrona de España, el grupo alzó sus oraciones a la Virgen, tras escucha la rememoración de los actos que la estatuilla inspiró en 1810. Según consta en el acervo popular de la ciudadanía leonesa, en aquel año los sublevados contra la ocupación francesa protagonizaron escaramuzas contra el invasor en varios puntos de la ciudad. Un grupo de rebeldes puestos en fuga por un dragón del ejército enemigo escapó de su perseguidor a través del túnel de escalerillas de la Plaza Mayor. El soldado se precipitó con su montura por la escalinata resultando muerto y facilitando la huída a los leoneses. Según el pueblo, la Virgen protegió a sus paisanos.