«¡Queremos carbón!»
Los Reyes llegaron en la locomotora Mikado y desfilaron por las calles de León sin la carroza de los regalos, que este año el Ayuntamiento sustituyó por dos infantiles y una comparsa de Pepito Grillo

Las compañías de teatro Studio Festi, Plasticiens Volants, Planete Vapeur, Ale Hop, Louxor Teatre y
Las t res carrozas de los Reyes Magos doblaban la esquina de la calle Sáenz de Miera, dejando a su paso un reguero de caramelos. Durante todo el trayecto se repartieron 3.500. Las hadas, zancudos, pastorcillos, rebaño de ovejas y comparsas abandonaban ya el trayecto inicial del desfile para emprender el recorrido por la calle Ordoño. El camión con el carbón, siempre recibido con recelo por los más pequeños, cerraba la manifestación de algarabía y fantasía. Enfilaba calle arriba el puente de los Leones. De pronto, la chiquillería se lanzó al centro de la calle, todos querían carbón. Los custodios del mineral tuvieron que poner cierto orden y desde las aceras, un grupo de niños y niñas lanzó un mensaje claro a Sus Majestades: «¡Queremos carbón!», «¡Queremos carbón!», «¡Queremos carbón!», corearon durante unos segundos. Insólito, pero real. Los niños y las niñas que esperaban a los Magos de Oriente aprovecharon la fiesta infantil para pedir por su futuro, y recibieron unas dosis dulces, a la espera de que utilicen su magia milenaria para poner orden en las estrategias que se planifican en unos despachos que apenas son capaces de imaginar, aunque sea imaginación precisamente lo que les sobre, pero para otros menesteres. Este año los Reyes Magos aparcaron la carroza de los paquetes con todos los regalos y la sustituyeron por otras dos con motivos infantiles y una comparsa de Pepito Grillo. El broche final del cortejo lo puso el Theatre Tol frente a San Marcos.
A ocho grados, con lluvia y con el viento de cara, los niños y las niñas de León volvieron a demostrar un año más que las inclemencias del tiempo no los encierran en casa. Y salieron a la calle. Enfundados en abrigos, gabardinas, gorros, guantes y cubiertos con chubasqueros y paraguas acudieron con sus padres, madres, abuelas y abuelos a recibir a los Reyes Magos. La locomotora Mikado lanzó un silbido humeante con promesas de una carga milagrosa. Se acercaba a la estación del Adif. Otro silbido, esta vez más cercano. Los más pequeños comenzaron a mostrar señales de intranquilidad. Sus ojos grandes y luminosos daban calor al ambiente. Otro silbido, esta vez casi atronador y la centenaria locomotora entró en la estación con puntualidad a las cinco de la tarde. En la calle, que hasta ese momento llovía sin parar, escampó. El alcalde, Francisco Fernández, la concejala de Fiestas, Susana Travesí y el concejal de Movilidad, José Antonio Díez, esperaban en el andén rodeados de toda la chiquillería. Por fin, Melchor, Gaspar y Baltasar descendieron del tren. Aplausos, nervios, saludos, caramelos, entrega de cartas, fotografías, cámaras de televisión, entrevistas a los más pequeños, ... y música celestial.
Media hora antes, en Quintana, centenares de personas esperaban subir a los coches de viajeros para acompañar en su trayecto a los Reyes ajenos a los entresijos de los preparativos. Problemas administrativos como consecuencia de las diferentes interpretaciones de la norma de seguridad en el mantenimiento de los trenes, una que acabó el 31 de diciembre y la nueva que se publicará en breve, motivaron más de un momento de estrés entre los organizadores. Finalmente, a las cuatro menos cuarto, minutos antes de la salida, Adif concedió la autorización para que los coches circularan a una velocidad máxima de 20 kilómetros por hora, para garantizar la seguridad. Sin embargo, la locomotora inglesa 7766, que tenía previsto acompañar a la Mikado, se quedó en el taller.
El niño Javier Herrero, de trece años, campeón de España de Ajedrez, leyó la carta de bienvenida a los Reyes en nombre de todos los niños leoneses. Recordó a Sus Majestades la historia de León, la legión de romanos que se asentó en esta tierra hace 2.000 años y la convirtió en la capital de un Reino que fue el comienzo de España. Aseguró que León es «una ciudad estupenda» y que la Catedral «es la más bonita del mundo», pero pese a todas las maravillas históricas y monumentales, les insistió que lo mejor de esta ciudad «es su gente y sus niños». No se olvidó Javier de los terremotos, huracanes y guerras «que hemos visto este año» y les pidió «paz y generosidad».
Tras las palabras de recibimiento del alcalde, el Rey Gaspar se dirigió a los niños con un mensaje de solidaridad: «He visto guerras, niños y niñas sufriendo y papás y mamás que se han quedado sin trabajo». Pese a las dificultades, el Mago de Oriente les lanzó un consejo para no olvidar: «Nunca os dejéis vencer por la incertidumbre porque siempre que llueve escampa». Anunció que su deseo era que «ni un solo niño y niña de la tierra se quedara sin juguetes» y prometió olvidar las pequeñas travesuras aunque advirtió: «Lo que más nos irrita son las faltas de respeto».