Obituario | JOSÉ LUIS PERELETEGUI. CRONISTA TAURINO Y DIRECTOR DE RADIO
Un hombre que halló talento
El fallecido periodista fue, además de un referente taurino leonés, director de La Voz de León, donde reunió en la redacción a Luis del Olmo y Francisco Umbral.

En una de las muchas exposiciones de sus dibujos.
Con José Luis Perelétegui, fallecido ayer en León tras agravarse los problemas de salud que padecía en los últimos meses, se va toda una época del taurinismo leonés y, utilizando un símil taurino, un gran veedor de periodistas de raza. Para aquella redacción de Radiocadena Española que él dirigió en León en los años 60, antes de irse a Asturias para hacerse cargo de la misma emisora en el Principado, Perelétegui trajo de Radio Juventud de Ponferrada a un joven con una gran voz llamado Luis del Olmo, y de Valladolid a un primo suyo, llamado Francisco Umbral. También en Oviedo dio sus primeros pasos de periodista con él Emilio Tamargo, toda una institución en las crónicas de ciclismo de TVE.
Pese a tantos años de profesión periodística, Perelétegui será recordado, sobre todo, como miembro destacado del planeta taurino leonés. Durante más de 60 años, fue el auténtico director de orquesta, junto a Felipe Zapico, de una afición que ha vivido estas últimas seis décadas con luces y sombras, casi a partes iguales. Pero en todas, sin toros y con toros, en las grandes tardes como en las malas, allí estaba él, con su pluma y su micrófono para contar, «con urgencia informativa», lo que pasaba dentro y fuera del ruedo. Hasta el año pasado, cuando la salud de hierro que siempre tuvo se debilitó, genio y figura ocupó, una vez más, su sitio de siempre en el burladero de Prensa del coso leónes.
De Valladolid a León. José Luis Perelétegui nació en Valladolid, pero pronto se trasladó a León. Volvió a Pucela para estudiar Derecho y regresó de nuevo a la capital leonesa para muy joven, tras entrar como colaborador taurino, pasar a dirigir La Voz de León , con Umbral como autor de una conocida sección hasta que se tuvo que ir.
Manoletista por encima de todas las cosas, siempre contaba la anécdota de aquel verano de 1947, un año antes de que se inaugurara la plaza de El Parque, cuando le pidió un autógrafo al mismísimo Monstruo de Córdoba en el viejo ‘Novelty’ que conservaba como un auténtico Picasso.
Antigua escuela. Sus crónicas en San Juan, en San Mateo de Oviedo o en Begoña en Gijón eran lo más ajustado a los viejos cánones taurinos, a aquella antigua escuela de los K-Hito, Corrochano y compañía. A mano en una simple libreta, con máquina de escribir en la redacción y en los últimos años con ordenador desde su casa, le gustaba ser riguroso hasta en el color del traje del torero, crónicas que aderezaba con sus propios apuntes taurinos o el uso continuado de palabras casi en deshuso, como franela para la muleta, o revientacalderas para el diestro que salía a por todas. Sin una palabra de más, viendo incluso lo bueno entre lo malo de la tarde, siempre sin herir a nadie. Por encima de todo Perelétegui respetaba a quien era capaz de ponerse delante del animal más bello de la naturaleza.
Perelétegui, como muchos jóvenes, también quiso ser torero en aquellos primeros años de la recién inaugurada plaza de El Parque, en 1948, junto a los Pedrosa, Manolé, Zapico, Balbuena y compañía. «También lo intenté y llegué hasta donde pude antes de derivar en el periodismo», confesaba en el libro ‘Toros y León’.
Sí, su vida eran los toros y no tenía problema en ir a debates con antitaurinos, ni a cualquier rincón de la provincia para una charla o un festejo menor. A lo largo de su carrera profesional recibió varios premios, como el de la Asociación de Comunicación, Relaciones Públicas y Protocolo del Principado de Asturias, la medalla de plata al Mérito Taurino de la Real Federación Taurina de España o la insignia de oro de la Peña Taurina; así como del Club Taurino.
Hoy, se oficiará su funeral en la iglesia de los Agustinos -sus agustinos- a las cinco de la tarde. No podía ser a otra hora su salida por la puerta grande de esta vida.