Diario de León

BARRIO HÚMEDO | MI ILUSTRE VECINO | MARCOS VIDAL, «MARQUITOS». HOSTELERO

«Dentro del barrio Húmedo de León lo tienes todo a mano»

Tasquero de toda la vida . Aparece en todas las guías, oficiales y apócrifas, como lugar ineludible de parada de la ciudad. La marca de la Bodega Regia como negocio familiar que viene de su abuelo y ya tiene en el camino a sus hijos.

bruno moreno

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m. c. cachafeiro | león
León

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Detrás de su sonrisa y de esos caramelos ronchito que reparte a sus amigos, se esconde una historia de superación. De ilusión por levantar, aunque encontrara grandes piedras en el camino, una pequeña empresa hostelera familiar, que continuara con el camino emprendido por su padre y antes por su abuelo. Bodega Regia es su casa y el barrio Húmedo, el escenario de su vida. Marcos Vidal, Marquitos, abre esta sección con el nuevo año. Brindando por ese León de toda la vida, que tantos recorridos puede tener. En su caso, por tiendas, bares y negocios de siempre. «El Húmedo es un barrio único y singular de León, con un gran atractivo hostelero. Bien es cierto que el tipo de consumo está cambiando. Hoy es más de alternar por la noche, aunque también las terrazas en verano están a tope. Lo que es verdad es que todo el que viene a León lo conoce y lo visita», explica como aperitivo.

Acompañar a Marquitos por el Húmedo es recorrer la vida de un tasquero de toda la vida. «El más antiguo es el Besugo». «El Tizón fue hace muchos años una zapatería». La primera parada, en cambio, es en la droguería La Fe. María del Carmen está a punto de jubilarse. Antes, el negocio lo tuvo ya su madre. «Son de esa gente de toda la vida del Húmedo que no se dedica a la hostelería, pero donde uno puede encontrar siempre cosas que hacen falta», explica Marquitos.

Y sigue recordando. «Recuerdo que en la antigua Bodega Regia vendíamos el vino a 40 y 60 céntimos. Entonces eran jornadas de 12 a 16 horas al día y semanas en las que no se descansaba ni un solo día. Hoy no se trabaja como antes, aunque la hostelería sigue siendo muy esclava. En mi caso, no ha cambiado mucho, porque siempre hemos llevado una vida austera y sencilla».

Lo que no le gusta tanto a Marquitos, y ya no es un recuerdo, es la evolución de la tapa. Cree que «se ha desmadrado». «Antes se daba una raja de chorizo o queso y después, si el cliente quería, se daban ya raciones. Ahora, casi no se toman raciones porque con las tapas casi se come».

Marquitos llegó al barrio Húmedo con dos años. Su primer recuerdo son los soportales de la Casa de los Botones, cerca de la iglesia de San Martín. El negocio de su abuelo y más tarde su padre estaba en la plaza de San Martín, frente al Miche, en un anexo del Palacio de Jabalquinto. La plaza le trae muchos recuerdos, porque también tuvo una librería con Juan Carlos Uriarte en lo que hoy es el Candelas, antiguo Rocco. «Que un hostelero y un artista tengan un negocio a medias es una cosa curiosísima», bromea.

Y de la plaza, al Mercado del Conde. Otra ‘casa’ para Marquitos, que rápidamente se dirige a Suárez, un negocio de siempre donde se vende la buena morcilla de León. «León es un lugar donde se come bien», sentencia. El recorrido concluye en el Capricho, en la plaza de San Marcelo. Con Arturo, la quinta generación que lleva las riendas de El Capricho.

«Aquí lo tienes todo a mano». Palabra de Marquitos, que ya ha pasado más crisis. «La mentalidad de austeridad sirve para coger oxígeno», sentencia el hostelero.

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