Diario de León

Juan mayoral

«seríamos mucho más felices si jugáramos»

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Juan Mayoral hace el truco del conejo y la chistera.

Juan Mayoral hace el truco del conejo y la chistera.

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León

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Juan Mayoral no es solo un ilusionista, sino también un creador de trucos, vamos, un mago de los de verdad. Ha dado la vuelta al mundo haciendo disfrutar de sus trucos a miles de personas. Ahora ha decidido volver a León para quedarse y convertirla en una ciudad mágica con su academia y el Festival de Magia Internacional, que ya va por su décima edición.

—¿Qué se necesita para ser mago?

—Vocación, como para todo. La magia empieza como hobby y a veces, como en mi caso, se convierte en esto.

—¿Y qué crees que opina la gente de la magia?

—La magia sigue siendo una gran desconocida. Un poquito más de información y tiempo, es lo que se necesita para que se pueda sentir en toda su intensidad.

—¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión?

—Me gusta todo, no tiene nada negativo. Te lo pasas bien y se lo contagias a los demás. La magia es para compartir. Además, esta profesión me ha permitido viajar por los cinco continentes y dar felicidad en todos los lugares que he podido, como hospitales, lugares pobres... Sitios donde es muy importante poner una sonrisa y una ilusión. El mundo funcionaría mejor si toda la gente tuviera la posibilidad de que un hobby se convierta en profesión. Pero llegar lejos es algo más que un truco.

—¿Cuáles fueron tus orígenes?

—Empecé cuando tenía diez años, después de haber visto una actuación en el colegio. Fue un gran impacto para mí y la pena es que solamente yo me transformara en mago. Es una suerte hacer algo que es poco común y poder disfrutarlo. Sigo jugando, aunque sea adulto. Es una pena que la gente mayor no juegue, seríamos todos mucho más felices.

— ¿Hay alguna figura que te ha marcado?

—Robert Houdin, un mago francés que cambió la magia. Aunque es más conocido Houdini, el cuál le admiraba tanto que le copió hasta el nombre, aunque añadiéndo una «i» al final.

—¿Existe un truco imposible?

—Arreglar el mundo. Los políticos necesitarían una varita mágica para hacerlo. Sobre todo para que ningún niño pase hambre.

—¿Qué opinas del escapismo?

—No me emociona mucho, yo veo más la magia como un entretenimiento. Pero sobre todo, el problema que encuentro en el escapismo es el morbo. A la gente le gusta ese punto de riesgo. Un poco como el circo romano.

—¿Dónde te hubiera gustado actuar y no has podido?

—Ya he actuado en todos los sitios que me imaginé y que ni me hubiera podido plantear. Ahora lo que más me apetece es quedarme en León, viajar menos y ver a mi hija crecer. Yo creo que las ilusiones se tienen a los veinte, a mi edad ya no son tan interesantes. Pero eso no significa que me dedique a la vida contemplativa. La felicidad se obtiene de las cosas pequeñas. Soy feliz.

pablo guerra nicolás

leonalsol@diariodeleon.es

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