La tierra pierde terreno en el cielo
Casi seis de cada diez defunciones se resuelven ya con la incineración, en perjuicio de los enterramientos, por evolución cultural y ahorro económico.

Una mujer arregla una sepultura en el cementerio de la capital leonesa, ayer en Puente Castro.
Más cenizas que polvo. El aumento del número de incineraciones vuelca ya la balanza en detrimento de los enterramientos. Una tendencia que hace que en León casi 6 de cada 10 funerales se cierren en el crematorio, en lugar de acabar con la entrada del ataúd en el nicho. El aumento progresivo que los profesionales del sector achacan a un cambio de cultura, que ha acabado con ciertos tabúes, y a los efectos económicos de la crisis, que hacen que se tenga en cuenta que una inhumación suma de media hasta 2.000 euros de diferencia.
El predominio de las cremaciones «evoluciona de forma natural desde su inicio en los años 90», como apunta Jerónimo Miguel, gerente de la mancomunidad de servicios funerarios de León y su alfoz (Serfunle). Un crecimiento que en el año 2010 hizo que las incineraciones superaran a los enterramientos por primera vez por escaso margen, con 670 cadáveres en el horno crematorio frente a 663 que fueron inhumados. El desequilibrio que se ha mantenido en un aumento constante desde entonces hasta completar el 2012 con un 56% de los 1.416 decesos que optan por las cenizas: 791 frente a 625. El porcentaje que este año se espera que crezca, según las estimaciones de cierre, una décima.
La evolución se arrima a la comparativa de los que puede costar una cremación frente a un entierro. Con una primera fase de gasto que se repite hasta la salida de la iglesia o ceremonia civil —en la que se incluyen la necesariedad en ambos casos de un ataúd, el tanatorio, la esquela o las flores— la diferencia comienza a la hora de encarar el cementerio.
El punto en el que la opción de la cremación y la urna para las cenizas firman una factura de alrededor de 500 euros de media, casi a la par de lo que suponen los derechos de inhumación y toda la tramitación del enterramiento, pero a los que se debe añadir el desembolso de la unidad de enterramiento, la lápida y la construcción: entre 1.800 euros en los nichos, que son el 26% del total, y 2.500 euros en las sepulturas, que ocupan el 72% del total del camposanto. Una bajada que ha empujado sobre todo a la pérdida de facturación de las marmolerías, como apunta el responsable del tanatorio Los Jardines, José María Mayo, donde todavía no se alcanzan los niveles de Serfunle, pero ya el 30% de los servicios optan por la cremación. «No sólo se trata de dinero, sino que además ha habido un avance por cultura, en la que entra la pérdida de reticencias que existían, además de que cada vez menos gente quiere tener la obligación de ir a preocuparse del mantenimiento», señala.
Una ausencia de lugar físico de que sí existe con el depósito de las urnas en columbarios, como los que tienen Serfunle y Los Jardines, o en el enterramiento en la zona del cementerio denominada El bosque de las almas, donde el coste de mantenimiento es similar a las tumbas, cerca de 6 euros anuales. Lugares de los que se salen cada vez más ciudadanos que prefieren esparcir las cenizas en parajes asociados a la memoria del difunto.