Sin esperar a la muerte para que la administración no saque beneficio
Con la presión del Gobierno encima, la Junta decidió eliminar a partir del 1 de enero de 2013 la bonificación del 99% que hacía al total de trasmisiones del impuesto de sucesiones, siempre que se tratara de padres a hijos y entre cónyuges, y que en realidad era una eliminación encubierta del tributo al reducirlo a lo mínimo posible. Una obediencia que no evitó que desde el Ejecutivo de Herrera se buscara un subterfugio para que la rebaja no se perdiera para los primeros 175.000 euros de base imponible. El listón por encima del cual los contribuyentes afectados tributaran a los tipos generales por el exceso de cantidad.
Este margen, como demuestran los datos de recaudación de las plusvalías en León, no ha conseguido calmar la inquietud de los ciudadanos. Un búsqueda de la continuidad de los beneficios fiscales que ha impulsado a que, antes de que los descendientes se vean obligados por la muerte del titular, se hayan acelerado las sucesiones denominadas inter vivos. Una merma para los potenciales ingresos que la Junta.
No fue el único cambio que se dio en el impuesto. En el apartado de las donaciones, la Junta también tuvo que hacer un cambio para restringir la bonificación del 99% entre parientes directos a las entregas de dinero destinado a la adquisición de la vivienda habitual por jóvenes o discapacitados —dentro de un importe máximo de 120.000 y 180.000 euros, respectivamente— así como a la constitución o ampliación de una empresa individual o un negocio.