PATRIMONIO
El chalé de azúcar
La limpieza del último solar de la vieja azucarera saca a la luz el chalé de la dirección, un edificio burgués que el municipio y Perrault ‘olvidaron’ proteger . El ‘chalé de la dirección’ de la antigua Azucarera Santa Elvira ha salido a la luz tras las labores de limpieza total de vegetación que ha realizado la UTE propietaria del solar. El edificio, de los años 30, evoca los gustos de la burguesía de la época en la que florecían estas viviendas unifamiliares en el Ensanche de León. El chalé quedó fuera de la ordenación del Palacio de Congresos y no fue catalogado ni protegido. Su futuro, si no se cambia el Prat vigente, es sucumbir a la piqueta y dar paso a pisos, oficinas y un hotel.

Chopos apeados, casa a la vistaEl Ayuntamiento de León había requerido a la propiedad hace más de un año que limpiara el solar por peligro de derrumbe de chopos del muro. La UTE no actuó y hubo una intervención municipal subsidiaria. Ahora, la propiedad h
Tres directores y sus familias habitaron el viejo chalé de la Azucarera Santa Elvira. Don Juan Guisasola, don Antonio del Hoyo y don Miguel Roldán. El último, encargado de cerrar el ingenio, ni siquiera llegó a habitarlo, recuerda Miguel Ángel Cueto, antiguo empleado de la azucarera. Entró con 14 años y rondaba los 40 cuando se cerró la fábrica leonesa.
Abandonado hace más de 20 años —la azucarera se cerró en 1992— el chalé había desaparecido de la memoria de la gente y de la ciudad invadido por la vegetación, sus paredes estaban cubiertas de hiedra, y los incontrolados chopos. Ahora, casi solitario en mitad de la parcela parece trasplantado desde una plantación de azúcar.
«Ahora os acordáis del chalé», lamenta la concejala de Urbanismo, Belén Martín Granizo, indignada con el Plan Regional de Ámbito Territorial (Prat) —plan urbanístico que afecta a varios municipios aprobado en 2010, durante el mandato de Francisco Fernández en León— que «no contempla reservar ningún elemento historicista» fuera de la antigua fábrica y el llamado Palacín, incluidos en el proyecto del Palacio de Congresos y Exposiciones en el que se invierten más de 70 millones de euros.
El futuro del chalé de azúcar no es muy halagüeño. «El Prat es el que regula oficialmente todo el suelo afectado por el ferrocarril desde San Andrés hasta Onzonilla y es un proyecto sumamente especulativo», recalca la concejala. Su ejecución está parada, al igual que el soterramiento del tren por falta de financiación. La parcela en la que el chalé ocupa más o menos el centro está destinada a viviendas, oficinas e incluso un hotel de cuatro estrellas, tal y como figura en los anexos del Prat publicados por la Junta de Castilla y León.
«A mí me hubiera gustado otro tipo de urbanismo, no torres de viviendas de planta más siete como hay previstas ahí, porque León no puede ser una ciudad como Albacete, pero de momento no se va a cambiar. Los propietarios han adquirido unos derechos. Ya veremos en el futuro si yo sigo aquí», recalcó Belén Martín Granizo.
Además del chalé se conservan en la parcela el edificio que fue dispensario médico para obreros y sus familias, un pequeño almacén que antiguamente fue departamento de cultivos, donde se guardaban las semillas de la remolacha y parte de lo que fueron cocheras de administración.
El departamento de Geografía de la Universidad de León realizó en el curso 2000-2001 un trabajo sobre los diferentes edificios que componían la azucarera, algunos derribados como el economato y oficinas para abrir el vial de la prolongación de Ordoño II.
«La azucarera es patrimonio de todos los leoneses, un bien de interés social y cultural que tiene que estar protegido como lo están la azucarera de Vitoria, declarada desde 1991 Bien Clasificado por el Gobierno Vasco, la fábrica Sucre en Vic, conservada y rehabilitada por el Gobierno catalán o la azucarera de Pravia, protegida por el Principado de Asturias», concluyó el estudio.
Pero la de León nunca llegó a ser incluida en el catálogo de Bienes de Interés Cultural de la Junta, pese a ser un elemento representativo de la arquitectura industrial y seña de identidad de la zona oeste de León. En Sabero, el complejo de la Ferrería de San Blas conserva no sólo la industria siderometalúrgica, sino también elementos como la vivienda del director.
Perrault, el arquitecto francés autor del proyecto del Palacio de Congresos y Exposiciones, no incluyó el chalé, ni ningún edificio al otro lado del vial, en el catálogo de edificios a proteger. Se optó por reservar esta «manzana» para concentrar el aprovechamiento residencial de la azucarera.
El chalé, como un terrón de azúcar en una taza de café, puede desahacerse cualquier día. El chalé de azúcar se desleirá, si nadie pone remedio antes, bajo la piqueta.