Alex Fusté economista jefe de andbank

«Los estados creen que pueden convertirse en la economía. Ridículo»

El economista jefe del banco andorrano explica con claridad poco habitual los retos de las economías y las previsiones que deben ocupar a los inversores. Esta tarde se dedica en el Club de Prensa de Diario de León a «desmontar clichés de la economía y los mercados»

Alex Fusté es economista jefe de Andbank.

León

Creado:

Actualizado:

Defiende que los países que antes lleven a cabo la transición de la economía social a la inversora tomarán ventaja. Apuesta sin tapujos por reducir los recursos que pasan del sector privado al público y reclama todas las facilidades para los investigadores y quienes impulsen la innovación. Sus propuestas van encaminadas a la eficiencia y la realidad, y en ese camino no rehúye la polémica. Alex Fusté, economista jefe de Andbank, habla hoy en el Club de Prensa de Diario de León. Será a partir de las 20.00 horas, con entrada libre.

—¿Qué es lo que preocupa más al cliente de banca privada, y qué debería preocuparle, en un entorno en el que la información económica es enormemente abundante y cambiante?

— Los inversores continúan preocupándose en su mayoría por lo que pasa a su alrededor, básicamente España, Europa y quizá algo Estados Unidos. Se equivocan. Nada debería dejar de preocupar. Lo siento, pero nadie dijo que el mundo de las inversiones iba a ser fácil.

—Para los próximos meses, ¿cuáles son los riesgos globales, y cuáles las potencialidades para el inversor?

— En los próximos meses no veo grandes riesgos para el inversor, porque lo que muchos perciben como amenazas son dinámicas favorables y lo seguirán siendo. No nos preocupan amenazas como la inminente subida de la FED y el correspondiente endurecimiento monetario global, o la problemática de Brasil tras el escándalo de Petrobras. Incluso la cuestión griega tampoco la percibimos como una grave amenaza. Pero hay riesgos para los que no hay solución a medio-largo plazo, como la política exterior rusa. Contemplo impávido cómo este choque está aquí para quedarse, lo que va a poner en serios aprietos a la economía rusa, y quién sabe si también a la europea.

—¿Qué recomendaciones hace de inversión, en qué sectores, zonas y productos?

—En 2015 se va a ganar dinero en renta variable global. Nuestros preferidos son Europa, Asia emergente (sin Japón), y el Latinoamérica nos gusta México. En sectores quizá una apuesta reprobable desde el punto de vista moral, pero cuya cotización seguirá subiendo, son las empresas fabricantes de armas. Tienen mucho recorrido por la situación de crecimiento de los presupuestos de defensa de todos los países del mundo, y por la evolución tanto de los conflictos existentes como de las políticas fronterizas de muchas zonas. En un ámbito más normal, los sectores que se benefician del proceso de desinflación global: robótica, químicas, media, tecnología y servicios en general, sobre todo ocio. Y no hay que olvidar la renta fija. Siempre lo hará bien en entornos de inflaciones a la baja.

—¿Cómo va a evolucionar el riesgo deflacionista, y cómo va a afectar a los mercados?

—No percibo la deflación como un riesgo, es más bien la culminación de lo que somos: un régimen capitalista con un propósito grabado a fuego en nuestros genes, el de seguir avanzando en productividad. Cuando se entiende que ganar en productividad significa alcanzar costes marginales cero, se sabrá de antemano que el proceso de precios estancándose no va a pararse. Este escenario debiera mantener bien soportadas las bolsas.

—¿Qué perspectivas tiene para la situación de Grecia, y cree que puede haber algún ‘efecto contagio’ en España?

—Cualquier nuevo gobierno quiere una economía en mínimas condiciones de estabilidad y sin un día a día que amenace con saltar por los aires. Tsipras sabe, sabía, que no podía materializar todas sus amenazas, o promesas electorales. Grecia está obligada a entenderse con el resto de los socios de la Eurozona, a no ser que quiera romper la baraja de forma definitiva. ¿Eso le interesa a Tsipras? Por supuesto que no. Apostamos por una solución política satisfactoria. Liquidez a cambio de austeridad, quizá un tanto suavizada. Sin riesgos de contagio.

—Usted denuncia que muchas de las medidas que están tomándose en Europa son en realidad cosméticas, y no abordan el cambio a fondo que necesitan las economías. ¿Qué propone_

—Se trata precisamente de lo contrario, qué no deben hacer. La respuesta es muy simple: deben tener una presencia menor en el desarrollo de la actividad. El principio es simple: a más estado, más recursos para mantenerlo. Los recursos salen del sector privado, lo que implica que a más estado menos sector privado. No debería pasar ni un euro más del necesario por el estado, pero esto no ocurre. De hecho en los presupuestos es casi un 50% del PIB, esto es un sinsentido. En España, por ejemplo, hay mucho de servicios, que son la fase final de la cadena; y bastante producción intermedia. Pero nada o casi nada de diseño de soluciones. La propuesta pasa porque los investigadores no paguen impuestos, pues todos sus recursos son pocos. Si esto no se organiza a nivel empresarial, el estado puede formar empresas de investigación, como ocurre en Japón. Sólo ahí se justificaría una presencia estatal. A nuestros investigadores, y los que podamos atraer, todas las facilidades posibles.

— ¿Y en el caso concreto de España, también las medidas adoptadas han sido fundamentalmente cosméticas?

—También han sido medidas cosméticas en su mayoría. En España hay buenas empresas. Y todas hacen I+D+i, pero a nivel agregado es insuficiente. Necesitamos grandes diseñadores de grandes soluciones. Y sólo hay que enviar señales correctas al mercado. Seguridad jurídica, política, sin dolores de cabeza fiscales. Nada más. Sin intromisión estatal. Ni lobbies institucionalizados con cobertura estatal. El capital es un recurso escaso, y por tanto invierte de forma inteligente.

— ¿Qué queda por hacer, y cómo prevé que evolucione la economía española? Los datos optimistas de recuperación y crecimiento por encima de lo esperado ¿van a traducirse en la economía doméstica? ¿En qué plazo?

—Queda todo por hacer si queremos dejar de ser un país que busca beneficiarse del ciclo de otros. Debemos transferir esfuerzo empresarial a las primeras fases de la cadena de producción. Obligar al Estado a pasar de la economía de lo social, que da muchos réditos políticos, a la economía de la inversión productiva, lo siento. Sin todo esto nunca va a haber un lavado de cara de la estructura productiva de España, y seguiremos siendo siempre un país que entrará en crisis cuando nuestros vecinos lo hagan.

—La evolución en el futuro ¿va a estar permanentemente marcada por la dureza que se exige en estos momentos?

—Sí. El mundo no va a dejar de ser competitivo. De hecho, a medida que otros se adelantan en la transición desde la economía social a la economía de la inversión, y nosotros no lo hagamos, sólo podemos ir a peor.

—También se refiere al momento actual como la «fiesta del dinero», ¿va a durar mucho? ¿Qué pasará después?

Cargando contenidos...

—Durará lo que dure la miopía de nuestras insignes autoridades monetarias. Y, cuanto más dure, más fuerte será la caída. Los estados y las instituciones se han metido hasta la cocina, tanto es así que albergan la ridícula idea de que pueden modular a la propia economía. Creen poder convertirse en la propia economía. Ridículo. Parece que no comprenden que practicando la eutanasia del ahorro están dañando de forma irreversible la inversión. Esto desemboca en una caída de la curva potencial del PIB. Es decir, una economía más mediocre de cara al futuro. Algo que me fastidia profundamente, porque es el país que dejo a mis hijos. ¿Qué viene después? Cuando haya tanta liquidez en el sistema, no respaldada por bienes reales, se entrará en una trampa de liquidez con una inversión cero. Y de ahí sólo se sale retirando todos los estímulos de liquidez creados. ¿No es más fácil hacerlo ahora?