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León

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Depresión, ansiedad, insomnio, peleas de pareja y un divorcio que no terminó de llegar porque «no nos quedó dinero ni para eso». Esas son algunas de las consecuencias que le trajo el desahucio a este leonés, que a diferencia de otros casos, no se fue a la calle por una hipoteca, sino lastrado por un alquiler de 400 euros al que no fue capaz de hacer frente cuando perdió su trabajo como camarero. «Tuvimos que irnos a vivir con mis padres, fue sencillamente horrible, imagínate, ellos hicieron de tripas corazón, nos veían mal, se fueron metiendo sin querer en nuestras cosas, me sentía como un niño de doce años... —recuerda—. «Mi mujer se marchó con una familiar suya a los pocos meses, no soportaba más la situación». En la actualidad Jaime continúa sin trabajo, debe más de un año de alquiler y no cree que la relación con su mujer tenga ya otra solución que el divorcio. «No he recibido ayudas de ninguna institución, del servicio de empleo jamás te llaman para ofrecerte nada, puedo comer gracias a mis padres, pero no veo la luz al final de túnel», finaliza.

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