El día de los siete mártires
La Santa Sede aprueba la beatificación de un grupo de sacerdotes leoneses asesinados durante la Guerra Civil.
Le pareció una buena tarde para pasear. Era el día de Santiago Apóstol y decidió ir caminando al pueblo para decir misa. Ovidio se empezó en hacer tocar las campanas. Los mineros le dejaron terminar la eucaristía antes de apresarlo y trasladarlo a Mieres. Un miliciano contó tiempo después en San Marcos cómo fue su muerte aquel funesto 24 de agosto de 1936, casi un mes después de su cautiverio: «Iban en camionera hacia Pajares y el cura voceaba sin cesar la canción Amor de los Amores y ¡Viva Cristo Rey!, además de animar a los presos haciendo cruces sobre ellos hasta que sonaron las ametralladoras y segaron sus cuerpos». El relato martirial de Ovidio González Bandera es uno de los siete que la Iglesia Católica ha querido verificar anunciando su beatificación.
La Congregación para las Causas de los Santos de la Santa Sede aprobaba ayer el decreto de validez de la causa de declaración de martirio y beatificación de siete presbíteros leoneses fallecidos en el año 1936, promovida por la Diócesis de León desde que en el año 2004 el Consejo Presbiteral, a propuesta del obispo Julián López, diera el visto al inicio de este proceso.
Con este decreto de validez culmina de manera favorable la fase diocesana de esta causa, iniciada el 18 de mayo del año 2009 y que por impulso del postulador diocesano, Carlos de Francisco, recopiló durante más de tres años toda la documentación, con datos, documentos y pruebas testificales donde se refleja el testimonio que llevó a la muerte a estos siete integrantes de presbiterio diocesano.
Todo ese material, incorporado a un expediente de 500 folios, se selló y lacró en un acto público celebrado en el Seminario de León el pasado día 10 de diciembre de 2012 y se envió a la Congregación para las Causas de los Santos, lo que suponía la clausura de la fase diocesana y la espera a la apertura de la fase romana de la causa, como recordó ayer el Obispado de León.
Ahora, con el decreto de validez dado en la Santa Sede, se abre formalmente la fase romana de esta causa cuyo objetivo es lograr la declaración del martirio y la beatificación de los sacerdotes Ignacio Gutiérrez Díez, Ricardo Barredo Salces, Ovidio González Bandera, Constantino Bayón García, José Álvarez Álvarez, Francisco Galiente Casado y José Rodríguez Borregán.
Este último era ecónomo de Chozas de Arriba. Realizaba ejercicios espirituales en Comillas y allí fue apresado. Fue liberado y, con el tiempo, en Santander le alojaron en la fonda La Provinciana junto a otros tres sacerdotes. Pero en un registro volvió a ser detenido. Le sometieron durante dos días a un despiadado interrogatorio. Una hija de los dueños de la fonde le llevó el desayuno a la comisaría el 22 de diciembre de 1936, pero ya no le vio. Más tarde se ha sabido que lo llevaron al faro, donde tiraban a los sacerdotes contra las escolleras del mar, atados de pies y manos, tras sufrir un auténtico suplicio. También está la historia de Ignacio Gutiérrez Díez, parróco de Campohermoso, quien murió sin haber cumplido los 30 arrojado a una profunda fosa en las Hoces de Vegacervera. Cayeron uno tras otro.