«No descarto ser político, que tienen tiempo libre»
Los niños toman el Ayuntamiento para reivindicar que se les escuche y que se generen las oportunidades para no emigrar.

Sergio Alves, en el centro de la imagen junto a sus compañeros, se convirtió en el alcalde del Ayuntamiento de León por una mañana.
El Ayuntamiento de León se convirtió ayer en un juego de niños. Un ejercicio de democracia infantil en el que los pequeños tomaron el salón de plenos de San Marcelo para convertirlo en su ágora, en coincidencia con la celebración del Día Mundial de los Derechos de la Infancia, y reclamar que se merecen «tener una voz en esta ciudad». Una voz alta y clara con la que aprovecharon para que los políticos profesionales, relegados al segundo plano, les escucharan lo que piensan sobre la necesidad de que no se recorten las becas; de que se luche contra la pobreza infantil porque «los niños son el colectivo más afectado por la crisis y un 24,2% vive en riesgo» de padecerla, como recordó Irene del colegio San José Agustinas; de que se pongan medidas para reducir la contaminación y se haga «un uso de los recursos de forma racional» para contar con «un entorno saludable»; de que se respete la sanidad y se tenga en cuenta que «la mayor parte de los pediatras son mayores y debido a la crisis su remplazo no está asegurado»; y de que se generen las oportunidades para que, en un futuro ya no muy lejano, puedan quedarse a trabajar en León. «Pedimos que se tenga en cuenta nuestra opinión, sobre todo en los temas que nos afectan de forma directa», resumió Mario, del Colegio Leonés.
La voz de los menores la canalizó a sus 11 años Sergio Alves, que cambió su papel de alumno del colegio Quevedo para convertirse por una mañana en el alcalde que tomaría como primera medida «un paso más frecuente de la limpieza por las calles», además de que apostaría por «más parques y zonas de urbanismo para niños y jóvenes». «León es una ciudad amable para los niños, pero todavía faltan algunas cosas», dejó caer ya metido en el papel de regidor de la ciudad y cómodo como político. «No lo descartaría, es un buen futuro», apuntó sobre la posibilidad de que se dedique a la política. «Aún no tengo decidido lo que quiero ser. Me gusta la informática, pero si toca ser político se pueden tener dos trabajos, ya sabemos que tienen mucho tiempo libre», apostilló con la misma soltura con la que dio paso a las intervenciones.
El testigo lanzado por los niños lo recogió Antonio Silván, sentado por una mañana como un concejal más en la bancada de la derecha de la mesa presidencial. «Gracias por esta cura de frescura que nos habéis trasladado, por esta cura de realidad y por recordarnos lo que todos los grupos políticos tenemos que hacer: escuchar y tratar por todos los medios de atender las peticiones», concedió el alcalde, antes de dejarles una promesa. «No perdáis la esperanza de que vamos a esforzarnos para que os quedéis aquí y trabajéis por desarrollo de esta provincia y los que entonces serán vuestros hijos», apuntó.