EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO
CULPABLE Montserrat no consigue 'salvar' a Triana
En la comisaría y en el juzgado, declaró que había entregado el revólver a Triana en el pasadizo que comunica la plaza de Colón con Gran Vía de San Marcos

Triana mira a su madre tras escuchar el veredicto de culpabilidad
Montserrat quiso ser cerebro y ejecutora para salvar a su hija. Pero no lo logró. En la comisaría y en el juzgado, declaró que había entregado el revólver a Triana en el pasadizo que comunica la plaza de Colón con Gran Vía de San Marcos. En el juicio, cambió la versión. Dijo que había sido víctima de un engaño urdido por los inspectores de policía de Burgos. Aseguró que nada más pasar por delante del restaurante Alborada, en el paseo de la Condesa, y entrar en Lucas de Tuy «vi el garaje y tiré el bolso con el revólver. No sé por qué, ya no lo necesitaba para nada». En ese momento, aseguró, «vi que venía mi hija, no hablamos» ni tampoco vio que Triana recogiera el bolso del garaje. «Seguí y salí a San Marcos por el pasadizo de Colón», reconoció.
Esta versión, con la que Montserrat quería salvar a Triana, no ha sido admitida por el tribunal popular, pese a todos los esfuerzos del abogado defensor, José Ramón García, de apuntalarla con su enfoque de que el policía jubilado no tuvo un campo de visión idóneo para verificar este aspecto porque iba hablando por teléfono y había unos contenedores delante.
El jurado ha sido unánime a la hora de determinar que el arma fue entregada por Montserrat a Triana en el pasadizo de Colón a Gran Vía de San Marcos. Tampoco han considerado probado que sufra un trastorno de ideas delirantes que hubiera sido una atenuante para disminuir la pena como asesina confesa.