«A veces ni pregunto, cuando entran ya sé lo que les pasa»
Dos médicas de familia narran su labor diaria y demandan más tiempo para sus consultas; creen que los pacientes así lo requieren .

La doctora De la Iglesia con su paciente Jessica. OTERO PERANDONES
Con treinta años de profesión, la doctora Montserrat de la Iglesia llegó en 2014 al centro de salud de Trobajo del Camino, después de bregarse como médico rural en los consultorios de La Baña, Vega de Espinareda, Mansilla y Riaño. En su nuevo destino tiene entre 1.500 y 1.600 tarjetas y atiende a una treintena de pacientes por jornada. «Prestamos una atención integral en la que tenemos en cuenta al paciente y su entorno, conocemos a la familia y tratamos de generar empatía, ser eficientes».
Notó mucho a su llegada la diferencia entre sus pacientes en el medio rural y los nuevos del medio urbano. «Los de ahora son más exigentes, tienen mucha información gracias a las nuevas tecnologías y eso nos obliga a estar al día permanentemente con una labor de formación e investigación».
Para definir su misión, la doctora De la Iglesia toma prestada una descripción que un colega de promoción, ahora presidente del Colegio de Médicos de Barcelona: «El buen médico es el que une empatía y conocimiento».
A pocos kilómetros de Trobajo, en la capital, la doctora Montse Ramos Montero recibe cada día a una media de 34 pacientes, con la recomendación de cinco minutos por consulta. Es médica sustituta en el centro de salud de José Aguado, tiene a su cargo 1.300 tarjetas y también conoce bien el área rural tras su paso por Valderas y Sahagún. «Tratamos de ayudar lo máximo posible a nuestros pacientes, nuestro trato es siempre es cordial; llegan en inferioridad de condiciones y no podemos bombardearles con palabras técnicas».
Echa en falta tener más tiempo para hablar con sus pacientes. «Con cinco minutos no es suficiente, hay que hacer preguntas, escucharles...». La relación entre ellos llega a ser tan estrecha que «muchas veces no necesito preguntar nada, cuando entran por la puerta ya sé qué les pasa».

La doctora Ramos en su consulta. F. OTERO PERANDONES