Diario de León

el preso y su tela de araña

Demasiado listo para escapar de la cárcel

La fortuna de Mario Conde tiene su origen en León. La venta de Antibióticos le hizo rico, fue su primera gran operación; y ni las formas ni las cuentas estuvieron ya entonces libres de sospechas y denuncias.

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maría j. muñiz | león

«¿Para qué iba yo a robar 100 millones de pesetas en Banesto, si tenía 20.000 millones en mis cuentas? Ya era muy rico». La fortuna de Mario Conde, en pesetas o en euros, se calcula en cifras mareantes. De la que él habla y la que le buscan por los paraísos fiscales. Una fortuna que comenzó a sumar ceros en León, y lo hizo en muy poco tiempo y con espléndidos resultados. Sólo con la venta de Antibióticos, su primer negocio y el que le abrió las puertas para hacerse con el banco (siempre entonces de la mano de Juan Abelló), asegura que ganó 13.500 millones de pesetas (más de 81 millones de euros). Su gestión al frente de la emblemática industria leonesa, el ‘modus operandi’ para hacerse con el control del accionariado, los entresijos arreglados entre gobiernos europeos para dejar en manos extranjeras la principal farmacéutica del país y los rocambolescos contactos que le llevaron al consejo del gigante italiano Montedison dibujaron la hoja de ruta de lo que daría de sí en plena cultura del pelotazo el talento de un joven abogado del Estado al que una oportunidad empresarial desvió el camino de estudioso del Derecho Penal. «En eso acerté. Aunque no me haya dedicado a eso como estudioso, sino como sufridor», bromeaba en una extensa entrevista concedida a Diario de León a finales de 2009.

Conde volvió esta semana a la cárcel, y lo hizo con su familia y quienes han participado en la tela de araña empresarial con la que retornaba el dinero custodiado en una amplia lista de paraísos fiscales. La enredadera de sociedades y despistes que le ha permitido hasta ahora ser un ostentoso insolvente para sus deudas con el Estado acabó perdiendo un hilo, del que han tirado durante dos años en la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (Udef). El que fuera paradigma del ejecutivo de éxito en los años 80 vuelve al lugar donde asegura que se hizo realmente fuerte. «Ahora soy más poderoso que antes, sé cómo resistir. Ser presidente de un banco es relativamente fácil, pero pasar quince años en prisión sin vender ni un milímetro de tu dignidad no es tan fácil», suele recordar.

Así es quien asegura que si la cultura del pelotazo era trabajar 14 horas al día para multiplicar resultados estaba encantado, aunque en realidad se mostraba bastante harto de ser el saco de los golpes del ideario caído en desgracia. Siempre en la equidistancia entre un conversador envolvente y fascinante y el modelo de mago del hacer desaparecer operaciones y rentabilidades (aunque dejen siempre el rastro de la denuncia y la duda). «La inteligencia me ha servido para entender, y entender a veces es peligrosísimo. Entendí cómo funcionaba el poder en España y me metieron en la cárcel. Si hubiera sido más tonto seguiría siendo presidente de banco».

Juan Abelló, el heredero de los laboratorios ubicados en León, lo trajo hasta su empresa y le colocó en Antibióticos en 1982. Acabó deshaciéndose del resto de los socios, y con un crédito de 18 millones de euros lanzó una OPA y se hizo con el control de la compañía. Cuando llegó la fábrica de penicilina ganaba 1,8 millones, cuando la vendió a los italianos el beneficio declarado era de 27 millones.

La venta a Montedison fue frenada en un primer momento por el Ministerio de Industria, pero Conde logró que el presidente del gigante italiano, el magnate Mario Schimberi, se reuniera con Felipe González. Se dice que Craxi medió directamente. «Al salir del despacho ya teníamos la autorización para vender». El Consejo de Ministros sólo la ratificó.

La venta estuvo durante años rondando en la operación Manos Limpias en Italia, por el presunto pago de comisiones. «No sé si alguien pagó. Yo no», comentaba entonces Mario Conde.

Poco después él y Abelló compraron el 3% de Montedison por casi 110 millones de euros, la mayor inversión hasta entonces de empresarios españoles fuera del país. El desembarco de Conde en la compañía tampoco estuvo exento de polémicas ni de viajes urgentes en aviones privados para cerrar acuerdos que parecían condenados al fracaso.

La historia de las operaciones de Conde es la de un baile interminable de cifras astronómicas. La venta de Antibióticos se cerró oficiosamente en 350 millones de euros, él habla incluso de más. El consejero ganó más de 80 millones, su socio Abelló el doble. Con ello y las operaciones de Montedison abordaron también el asanto a Banesto, hasta que alcanzó la presidencia y la cumbre del éxito social y económico.

El temor a que aspirara también al político, que tras su salida de la cárcel tentó varias veces, asegura Conde que fue el inicio de su caída. «Existía el convencimiento de que habían intervenido el banco porque quería entrar en política. La política en España es un tinglado de intereseses, dominada por el sistema, que se ata con las cuerdas de los intereses de la casta».

Ya en 1992 Economía abrió un expediente contra los antiguos accionistas de Antibióticos por impagos de impuestos en operaciones anteriores a la venta de Montedison. El fisco reclamaba a Conde, Abelló y los Botín, entre otros, más de 50 millones de euros por nueve operaciones.

Aunque en 2002, cuando el Tribunal Supremo le condenó a 20 años por estafa, se declaró insolvente para no pagar los 27 millones de la condena a los accionistas del banco, los detenidos esta semana controlan un entramado de sociedades que mueve más de 30 millones. Desde hace dos años la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil sigue el rastro de las ampliaciones de capital de supuestas empresas de Conde desde sociedades radicadas en Suiza, Reino Unido, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Emiratos Árabes, Islas Vírgenes, Curaçao.... Aunque Conde tenía su particular visión sobre los paraísos fiscales: «Todas las empresas los hemos utilizado legalmente para tener una presión impositiva más reducida. Una gran parte de la población no tiene acceso a ellos, pero las rentas altas sí».

Ahora se le imputan ocho delitos fiscales, a añadir a su lista de procedimientos: blanqueo, frustración de sentencia, organización criminal,... En realidad el entramado se habría puesto en marcha en 1999, y no perdió actividad mientras estuvo preso entre 2002 y 2008. Antes, en 1994, ya había ingresado en la cárcel, aunque una fianza de 12 millones de euros y otra posterior de 3 más le devolvieron a la libertad. En todo este tiempo alimentó la teoría de una conspiración contra él, que se habría iniciado con la intervención de Banesto el día de los Inocentes de 1993.

«Nunca he asumido que trabajé para fracasar», asegura. Y ese es su empeño desde hace años. Sentencia: «Un país que castiga a alguien por ser demasiado líder es un país enano».

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